La Estación

Dimitar

Poeta recién llegado
Día tras día
voy a la estación
veo los trenes pasar
y no los dejo de contar.

A mi izquierda
está el maquinista,
que observa conmigo
el recuerdo pesimista.

A mi derecha
están los vagones,
que un día me atreví a cruzar
porque con mi vida quise acabar.

La culpa me abraza,
tantas almas perdidas
tantas voces silenciadas
por mi egocentrismo.

El maquinista me explica
que no fue culpa mía,
que no lo pudo evitar,
no pudo a los pasajeros salvar.

Ahora estoy forzado,
a vagar por las vías
caminando entre los escombros
del aquel fatal día.

Día tras día
voy a la estación
veo los trenes pasar
y no los dejo de contar.

No puedo
dejar de recordar.
No puedo
ese momento olvidar.​
 
En esta dimensión nos vemos, en otras somos vagabundos espirituales si no hemos evolucionado. Me ha gustado tu poema que es lo importante.
Saludo y abrazo de Julius 1200
 
Día tras día
voy a la estación
veo los trenes pasar
y no los dejo de contar.

A mi izquierda
está el maquinista,
que observa conmigo
el recuerdo pesimista.

A mi derecha
están los vagones,
que un día me atreví a cruzar
porque con mi vida quise acabar.

La culpa me abraza,
tantas almas perdidas
tantas voces silenciadas
por mi egocentrismo.

El maquinista me explica
que no fue culpa mía,
que no lo pudo evitar,
no pudo a los pasajeros salvar.

Ahora estoy forzado,
a vagar por las vías
caminando entre los escombros
del aquel fatal día.

Día tras día
voy a la estación
veo los trenes pasar
y no los dejo de contar.

No puedo
dejar de recordar.
No puedo
ese momento olvidar.​
Momento luctuoso que quedo marcado, recordarlo
es hacer un viaje a aquellas sensaciones que quedaron
expresadas por instante de maximo dolor. excelente.
me ha gustado mucho el sentimiento que aporta
la obra. saludos amables de luzyabsenta
 
Día tras día
voy a la estación
veo los trenes pasar
y no los dejo de contar.

A mi izquierda
está el maquinista,
que observa conmigo
el recuerdo pesimista.

A mi derecha
están los vagones,
que un día me atreví a cruzar
porque con mi vida quise acabar.

La culpa me abraza,
tantas almas perdidas
tantas voces silenciadas
por mi egocentrismo.

El maquinista me explica
que no fue culpa mía,
que no lo pudo evitar,
no pudo a los pasajeros salvar.

Ahora estoy forzado,
a vagar por las vías
caminando entre los escombros
del aquel fatal día.

Día tras día
voy a la estación
veo los trenes pasar
y no los dejo de contar.

No puedo
dejar de recordar.
No puedo
ese momento olvidar.​
Muy bella melancolía para unos recuerdos que el olvido nunca se llevará. Un abrazo amigo Dimitar. Paco.
 

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