Antonio J. Martín
Poeta fiel al portal
Desde el momento de mi presencia,
en blanco quedó mi mente,
atrapada diría yo
entre árboles y flores,
en las noches de sombras...
nada siento,
de las puñaladas traperas...
algo veo
de vez en cuando.
Soy estatua de parque,
recubierta de vegetación,
olvidada, sin vida,
la lluvia es incesante
y en mi cabeza
se posan los palomos
y nunca perdonan.
Es lastimoso mi estado,
pero nada siento, ni quiero,
soy una estatua,
sin sentir al callar
o vivir sin vivir,
sin vida, la que no tengo.
Y en verano...
el sol que tanto abrasa
ni siquiera lo noto,
ni el calor más abrasador
jalea mi desconcierto.
Me encuentro en mi pedestal
sin una triste mirada,
pero quien ve, soy yo,
a deshoras, besos furtivos
de huidizos enamorados.
Cierto día me plantaron
con los brazos en alto
y mirada estilosa,
nada comprendí.
Y ahora me pregunto
con mi pátina verdosa:
¿qué hago aquí,
a la espera de qué?
en blanco quedó mi mente,
atrapada diría yo
entre árboles y flores,
en las noches de sombras...
nada siento,
de las puñaladas traperas...
algo veo
de vez en cuando.
Soy estatua de parque,
recubierta de vegetación,
olvidada, sin vida,
la lluvia es incesante
y en mi cabeza
se posan los palomos
y nunca perdonan.
Es lastimoso mi estado,
pero nada siento, ni quiero,
soy una estatua,
sin sentir al callar
o vivir sin vivir,
sin vida, la que no tengo.
Y en verano...
el sol que tanto abrasa
ni siquiera lo noto,
ni el calor más abrasador
jalea mi desconcierto.
Me encuentro en mi pedestal
sin una triste mirada,
pero quien ve, soy yo,
a deshoras, besos furtivos
de huidizos enamorados.
Cierto día me plantaron
con los brazos en alto
y mirada estilosa,
nada comprendí.
Y ahora me pregunto
con mi pátina verdosa:
¿qué hago aquí,
a la espera de qué?