La estéril tarea de un poeta de provincias

penabad57

Poeta veterano en el portal
Todas las vidas posibles en una sola,
teselas de un mosaico que reconstruyo sin pausa,
laberinto donde me busco inútilmente,
adonde regreso como un cavador del alma,
mis letras de náufrago rebobinan los hilos
que el tiempo arroja entre segundos de azar.

Líneas insondables que recorren atmósferas de infancia,
suburbios alegres, otras veces dolor
en una herida eternamente abierta,
máscaras sin nombre que ocultan la llaga,
el himno, la insensatez o el episodio perdido.

Los poemas tienen alas, de ellos brotan flores de sal y estiércol,
los dardos del desprecio hacen diana en su vientre,
nadie viste sus harapos de laurel.

Yo no rimo los ecos, mi verso sin olas es un manantial silencioso,
gira en volutas de tiempo y regresa siempre a su noche
como un lobo tímido.

Quise ser el envés de la luz, columpié los instantes felices con el ímpetu del furor,
perseguí en los significados otro ayer diferente al real,
mi imaginación conoce las respuestas no dichas,
los mundos borrosos que la edad dibuja en los iris,
extraños títeres que fulgen lejos del día.

Escribo en llamas y muero en un punto y final,
la sangre de mi vida circula en estrofas
con un fluido delicuescente y azul.

Mi testimonio: la mortaja que el poeta esconde bajo el escombro de un título.
 
Última edición:
Vivencias que se transcriben en versos sensibles que conmueven el alma. Me gusto mucho tu poema, Penabad... lleva la esencia impresa en su raíz.
Saludos, compañero
 
Todas las vidas posibles en una sola,
teselas de un mosaico que reconstruyo sin pausa,
laberinto donde me busco inútilmente,
adonde regreso como un cavador del alma,
mis letras de náufrago rebobinan los hilos
que el tiempo arroja entre segundos de azar.

Líneas insondables que recorren atmósferas de infancia,
suburbios alegres, otras veces dolor
en una herida eternamente abierta,
máscaras sin nombre que ocultan la llaga,
el himno, la insensatez o el episodio perdido.

Los poemas tienen alas, de ellos brotan flores de sal y estiércol,
los dardos del desprecio hacen diana en su vientre,
nadie viste sus harapos de laurel.

Yo no rimo los ecos, mi verso sin olas es un manantial silencioso,
gira en volutas de tiempo y regresa siempre a su noche
como un lobo tímido.

Quise ser el envés de la luz, columpié los instantes felices con el ímpetu del furor,
perseguí en los significados otro ayer diferente al real,
mi imaginación conoce las respuestas no dichas,
los mundos borrosos que la edad dibuja en los iris,
extraños títeres que fulgen lejos del día.

Escribo en llamas y muero en un punto y final,
la sangre de mi vida circula en estrofas
con un fluido delicuescente y azul.

Mi testimonio: la mortaja que el poeta esconde bajo el escombro de un título.
Buenos días
Un placer encontrar tus letras en mi camino
Gracías
Un saludo
 

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