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La estrategia de la araña

Gonvedo

Poeta asiduo al portal
Si yo pudiera entrar hasta el fondo de tus sueños,
estar cerca de ti, detrás de cada tú noche tras noche,
pero al alba siempre, y pronunciar tu nombre
con todas sus moléculas, tal vez mi boca delincuente
pudiera hacer de cada palabra moneda de otra memoria.
Quizás, entonces, ya no tuviera miedo a los espejos,
ni al dolor que me causa ver morir la nieve.

Si yo pudiera herir la noche en que esta luz viaja,
cerraría mis ojos al vuelo de tu mirada y no regresaría
jamás, haciendo del destino un noviembre cargado a la espalda.
Mi cuerpo sería, entonces, un martes de desmemoria,
epítome de siglos en ruinas sobre el que las arañas
tejen su estrategia de élitros ciegos como un paisaje
de amordazadas azoteas bajo la luna blanca.

Si yo pudiera navegaría bajo el sol de los libros,
aunque quizás el amor lleve un muerto al pie de cada página.
 
Si yo pudiera entrar hasta el fondo de tus sueños,
estar cerca de ti, detrás de cada tú noche tras noche,
pero al alba siempre, y pronunciar tu nombre
con todas sus moléculas, tal vez mi boca delincuente
pudiera hacer de cada palabra moneda de otra memoria.
Quizás, entonces, ya no tuviera miedo a los espejos,
ni al dolor que me causa ver morir la nieve.

Si yo pudiera herir la noche en que esta luz viaja,
cerraría mis ojos al vuelo de tu mirada y no regresaría
jamás, haciendo del destino un noviembre cargado a la espalda.
Mi cuerpo sería, entonces, un martes de desmemoria,
epítome de siglos en ruinas sobre el que las arañas
tejen su estrategia de élitros ciegos como un paisaje
de amordazadas azoteas bajo la luna blanca.

Si yo pudiera navegaría bajo el sol de los libros,
aunque quizás el amor lleve un muerto al pie de cada página.
Un amor que aún late y que hace que navegue bajo el sol de los libros.
Líneas profundas.

Saludos
 
Si yo pudiera entrar hasta el fondo de tus sueños,
estar cerca de ti, detrás de cada tú noche tras noche,
pero al alba siempre, y pronunciar tu nombre
con todas sus moléculas, tal vez mi boca delincuente
pudiera hacer de cada palabra moneda de otra memoria.
Quizás, entonces, ya no tuviera miedo a los espejos,
ni al dolor que me causa ver morir la nieve.

Si yo pudiera herir la noche en que esta luz viaja,
cerraría mis ojos al vuelo de tu mirada y no regresaría
jamás, haciendo del destino un noviembre cargado a la espalda.
Mi cuerpo sería, entonces, un martes de desmemoria,
epítome de siglos en ruinas sobre el que las arañas
tejen su estrategia de élitros ciegos como un paisaje
de amordazadas azoteas bajo la luna blanca.

Si yo pudiera navegaría bajo el sol de los libros,
aunque quizás el amor lleve un muerto al pie de cada página.
Buen poema Gonvedo, un abrazo con la pluma del alma
 
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