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La estrategia de la araña

penabad57

Poeta veterano en el portal
Fui paciente como el aire que desgasta la altiva roca

desprendiendo la lámina de su ser hasta pulir el silencio

en que vive su corazón de siglos.



Con el dibujo de mi tela formé un dédalo sin salida,

una pegajosa celosía para que la ingenuidad del insecto

deje allí sus alas traslúcidas que ya no volarán

entre el cristal y la pared de mi único hogar.



En el rincón más escondido, en el ángulo en que el jardín

de una moldura se despliega en flores perfiladas

está el taller de mis horas eternas, cómplice de la luz fósil y el hastío,

del polvo de las vigas con su raíz melancólica de árbol mutilado,

del desván húmedo y los baúles sin edad, de la ruina

y el descuido en que viven las habitaciones cerradas,

de las lámparas ya nunca más encendidas, solo acecho.



Soy la laboriosa quietud donde en el tapiz de la muerte

juegan la agonía y el instinto su invisible partida de azar.
 
Última edición:
Fui paciente como el aire que desgasta la altiva roca

desprendiendo la lámina de su ser hasta pulir el silencio

en que vive su corazón de siglos.



Con el dibujo de mi tela formé un dédalo mortal,

una pegajosa celosía para que la ingenuidad del insecto

deje allí sus alas traslúcidas que ya no volarán

entre el cristal y la pared de mi único hogar.



En el rincón más escondido, en el ángulo en que la cal

de una moldura se despliega en flores perfiladas

está el taller de mis horas eternas, cómplice de la luz y del rocío,

del polvo de las vigas con su raíz melancólica de árbol mutilado,

del desván húmedo y los baúles sin edad, de la ruina

y el descuido en que viven las habitaciones cerradas,

de las lámparas ya nunca más encendidas, solo acecho.



Soy la laboriosa quietud donde en el tapiz de la muerte

juegan la agonía y el instinto su invisible partida de azar.
Triste agonía en unos versos profundos.

Saludos
 
Fui paciente como el aire que desgasta la altiva roca

desprendiendo la lámina de su ser hasta pulir el silencio

en que vive su corazón de siglos.



Con el dibujo de mi tela formé un dédalo mortal,

una pegajosa celosía para que la ingenuidad del insecto

deje allí sus alas traslúcidas que ya no volarán

entre el cristal y la pared de mi único hogar.



En el rincón más escondido, en el ángulo en que la cal

de una moldura se despliega en flores perfiladas

está el taller de mis horas eternas, cómplice de la luz fósil y el hastío,

del polvo de las vigas con su raíz melancólica de árbol mutilado,

del desván húmedo y los baúles sin edad, de la ruina

y el descuido en que viven las habitaciones cerradas,

de las lámparas ya nunca más encendidas, solo acecho.



Soy la laboriosa quietud donde en el tapiz de la muerte

juegan la agonía y el instinto su invisible partida de azar.
Un abrazo con la pluma del alma
 
Fui paciente como el aire que desgasta la altiva roca

desprendiendo la lámina de su ser hasta pulir el silencio

en que vive su corazón de siglos.



Con el dibujo de mi tela formé un dédalo sin salida,

una pegajosa celosía para que la ingenuidad del insecto

deje allí sus alas traslúcidas que ya no volarán

entre el cristal y la pared de mi único hogar.



En el rincón más escondido, en el ángulo en que el jardín

de una moldura se despliega en flores perfiladas

está el taller de mis horas eternas, cómplice de la luz fósil y el hastío,

del polvo de las vigas con su raíz melancólica de árbol mutilado,

del desván húmedo y los baúles sin edad, de la ruina

y el descuido en que viven las habitaciones cerradas,

de las lámparas ya nunca más encendidas, solo acecho.



Soy la laboriosa quietud donde en el tapiz de la muerte

juegan la agonía y el instinto su invisible partida de azar.
Hermosas imágenes y cualidades adscritas a los objetos de una habitación. Me ha gustado mucho. Un gusto leerte.
 
Fui paciente como el aire que desgasta la altiva roca

desprendiendo la lámina de su ser hasta pulir el silencio

en que vive su corazón de siglos.



Con el dibujo de mi tela formé un dédalo sin salida,

una pegajosa celosía para que la ingenuidad del insecto

deje allí sus alas traslúcidas que ya no volarán

entre el cristal y la pared de mi único hogar.



En el rincón más escondido, en el ángulo en que el jardín

de una moldura se despliega en flores perfiladas

está el taller de mis horas eternas, cómplice de la luz fósil y el hastío,

del polvo de las vigas con su raíz melancólica de árbol mutilado,

del desván húmedo y los baúles sin edad, de la ruina

y el descuido en que viven las habitaciones cerradas,

de las lámparas ya nunca más encendidas, solo acecho.



Soy la laboriosa quietud donde en el tapiz de la muerte

juegan la agonía y el instinto su invisible partida de azar.

Un placer detenerme en tus versos poeta. He disfrutado con su lectura.
Un abrazo.
 
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