Los sentimientos
me atan la garganta
con una guita fuerte,
y mis lágrimas se quedan colgando
de mis ojos ausentes.
Se va al galope mi juventud
y mis fuerzas se acortan
como los días de invierno
con las ilusiones dentro.
Mi campo de bienestar se reduce
en el espacio
y se alarga tanto en intensidad
y en instantes,
que, si no fuera porque el tiempo de vida se acorta,
pensaría que es uno de mis mejores momentos.
O, a lo mejor por eso,
es el mejor momento.
Me recuerda a los últimos días
de las vacaciones de verano, siendo niña,
que eran tan maravillosas esas tardes
que no quería
que terminaran nunca.
Es tanto agrado el que siento
con la rutina de mi vida
que la plasmaría en un cuadro,
la atraparía con toda su belleza,
su luz, su sonido quedo,
la cosería a mi alma
para que eso fuera la eternidad,
para que estos instantes que hoy sorbo
sean el agua que tome hasta el final,
y no importe
si el final
sea cercano,
o esté lejos.
me atan la garganta
con una guita fuerte,
y mis lágrimas se quedan colgando
de mis ojos ausentes.
Se va al galope mi juventud
y mis fuerzas se acortan
como los días de invierno
con las ilusiones dentro.
Mi campo de bienestar se reduce
en el espacio
y se alarga tanto en intensidad
y en instantes,
que, si no fuera porque el tiempo de vida se acorta,
pensaría que es uno de mis mejores momentos.
O, a lo mejor por eso,
es el mejor momento.
Me recuerda a los últimos días
de las vacaciones de verano, siendo niña,
que eran tan maravillosas esas tardes
que no quería
que terminaran nunca.
Es tanto agrado el que siento
con la rutina de mi vida
que la plasmaría en un cuadro,
la atraparía con toda su belleza,
su luz, su sonido quedo,
la cosería a mi alma
para que eso fuera la eternidad,
para que estos instantes que hoy sorbo
sean el agua que tome hasta el final,
y no importe
si el final
sea cercano,
o esté lejos.