sergio Bermúdez
Poeta que considera el portal su segunda casa
La fábrica de la poesía
abrió sus puertas al poema
que estaba escrito en la misma definición
de su belleza y dirección
donde estaba la atención de su rima
de donde se compone el verbo de cada pausa
del origen de cada destino
se concienciaba la mirada suprema
de ver a los versos
caer como goteras
en las páginas formando una identidad
que se venía encendiendo
en la brisa de cada
vibración de donde las letras
eran el factor de la seducción
donde las letras se hacían de la gracia
de una pluma
que destornillaba las puntas
para que hicieran su misma escena
donde el ritmo iba en cadenas
de donde se encendía la luz
y las páginas se abrían a un muro
tras otro
era increíble como se hacían los poemas
como se inyectaba la magia
por donde resurgían las palabras
en antenas de sonido
y un audio que se imprimía en el altavoz
se veían en las musas
como se escribía en mano
se firmaba en las palabras
y se encendían los intentos
se hacían en las vidas
los perplejos hábitos
que no eran cegueras
las voces de los poemas
se irradian de más de un compás
era el arte pinchado
en un disco bailarín que repartía poemas
y los hacia difundir en la lágrima emocional,
su estatus era bienvenido
por cada hallazgo
de donde salían las fibras de cada lluvia de palabras
que se comprendían unas a otras
para hacer el voto
que se quedaba en la primera línea
donde se aglomeraba la celeridad
del proceso
para crear más poesías
esa mirada emprendida
en cada folio de donde se hallaba
la respiración asistida
de cada frase que se ponía con pautas
ricas en vocabulario
y llevadas a donde la fábrica
hacia magia entre sus páginas
se miraba el ritmo
se acentuaba la verdad
sin desordenar ideas
solo así se cumplía
la gran voz
de las palabras
que eran las antenas del mundo
entre sus puentes que cruzaban velas
con pinceladas de pintura
y la imagen de un poema
ordenando sus lágrimas
para que de emoción su texto
todo coloreado de pronunciaciones
de verdad que las palabras
se hacían en cada amanecer
de sus aplausos que introducían
sustancias de tinta
que hacia un remolino
para sujetar a las huellas
que se aliaban con cada punta
donde se escribía en las ilustraciones
allí donde se quedaban las musas
y venían sus vientos
hasta crear más páginas
y en donde el poema se hacía melodía
en cuentas de cada lado
donde se hacia esgrima
pero en poesía
gente vestida de letras
que se arremolinaban en pasos
en luces de voz
en cada paso hacia la consciencia milimétrica
que asestaba el golpe en las hojas
con la brillantez de cada raíz
que acechaba su horizonte creciendo
para empatizar con la danza
de un poema vivo
y de los poemas que salían detrás de el
su inspiración de ordenanza
detrás de cada escritorio
delante de cada poesía
había míticas palabras rejuvenecidas en diálogos
que decían a cada lado
de donde se hacia el mensaje de
lenguajes eléctricos que hilaban
a las frases a sus principios
y dejaban en la boca la dulce
y miradora anestesia de las raíces
de cada letra
de cada corazón
para fabricar poesía
de donde todo estaba ordenándose
en ese proceso de fábrica poética
que viajaba a los poemas
de todos los tiempos
y de todas las épocas
y creaba en los presentes sus propias obras
y las mezclaba en la cultura
y en la fiesta de la poesía
llamada fábrica de los poemas.
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