La fiebre abandonada
en una espera
no se cae lo mismo que la fruta
cuando avanza el color por su epidermis,
pero tampoco tiembla en la evidencia
del mordisco que invade su semilla
y devora la ley redonda de su aroma.
Su bondad inflamable
está desposeída de materia,
y no cruje a estribor del barlovento,
y no roza la única misión
de su certeza, arder, manifestarse
en un escalofrío que la incendie
con la termodinámica del agua.
en una espera
no se cae lo mismo que la fruta
cuando avanza el color por su epidermis,
pero tampoco tiembla en la evidencia
del mordisco que invade su semilla
y devora la ley redonda de su aroma.
Su bondad inflamable
está desposeída de materia,
y no cruje a estribor del barlovento,
y no roza la única misión
de su certeza, arder, manifestarse
en un escalofrío que la incendie
con la termodinámica del agua.