tyngui
Poeta que considera el portal su segunda casa
La tarde cubierta por un frío plomizo aterriza en silencio sobre las calles de una urbe apagada.
El andar misterioso y mecánico de los escasos deambulantes abarbijados ponía de relieve presumibles rasgos de soledad en sus ojos.
Largas colas en diferentes negocios de primera necesidad y la capacidad refleja de disociarse ante el tumulto.
La noche estaba aún más cerca y el dolor en los huesos vira hacia las extremidades inferiores con premura.
En la fila de la panadería Ranieri se da cuenta que ha vuelto su viejo dolor en la rodilla y le echa la culpa al frío y húmedo viento.
El ruso Marcelo Ranieri era conocido en el barrio por no tomarse la vida a la ligera. Con la profundidad que lo caracteriza se acaba de dar cuenta que delante de sus ojos, tiene un problema filosófico aun no resuelto.
Piensa en silencio mirando hacia el suelo y moviendo el talón hacia arriba y hacia abajo tres o cuatro veces de manera consecutiva.
Comenzó a pensar seriamente que esto del dolor podría ser una herramienta que el tiempo utilice para soterrar voluntades. La dolencia en si misma podría proclamarse como el enemigo acérrimo de la ansiedad, pues desanimaría esas ganas locas que emergen desde los diferentes confines o puntos de inflexión estratégicos, provocando disímiles angustias y zozobras.
El Ruso observa un punto de fuga sito en la nada y desde esa quietud percibe de alguna
manera que el frío viento parece ser el encargado de transportar y distribuir las diferentes energías negativas. Llámense las incomparables formas del dolor.
Imaginó por unos instantes que el estímulo que percibe el inconsciente a colación de un agente externo como el viento, fuera a partir de un rotorizador energético que dependiendo de su propia velocidad distribuya energía oscura.
-Dijo en voz tenue:
¡Es una locura…!!! Luego desplegó una leve sonrisa.
Enseguida pensó…
O sea expandiéndose en el universo espacial de la mente. Entonces esto haría diseminar el dolor de manera grácil y atormentada con la voz de la materia oscura de la mente.
De allí que el subconsciente dicotomiza las formas de la realidad y monopoliza cautelosamente lo que necesita a través del viento. Utilizando una variación vehemente, tal vez buscando el trastorno mecánico del pensamiento.
-Es más profundo de lo que creí en un principio.
Esta más que claro que hay una similitud entre la mente y el universo, en los dos casos existe la materia oscura y en el caso de la mente, la materia oscura es el subconsciente.
-De pronto una señorita, por cierto bellísima, le dice a Marcelo sonrisa mediante:
-Señor, usted es el siguiente…
-Respondió agradablemente
-Perdón estaba viajando.
Lo atendieron muy cordialmente y cuando sale, antes de subir al Astra le manda un mensaje a su esposa.
-¡Sirlia pase por la panadería y llevo dos docenas de facturas!
Arrancó el auto en dirección a su hogar. Según parece se ha olvidado del problema filosófico y existencial que dejó colgado en el éter.
Encendió la radio y el locutor dijo…
-Según trascendidos, científicos de la NASA aseguran la similitud entre el universo y la mente.
El Ruso sonriente dijo…
¡Siempre lo supe!!!
El andar misterioso y mecánico de los escasos deambulantes abarbijados ponía de relieve presumibles rasgos de soledad en sus ojos.
Largas colas en diferentes negocios de primera necesidad y la capacidad refleja de disociarse ante el tumulto.
La noche estaba aún más cerca y el dolor en los huesos vira hacia las extremidades inferiores con premura.
En la fila de la panadería Ranieri se da cuenta que ha vuelto su viejo dolor en la rodilla y le echa la culpa al frío y húmedo viento.
El ruso Marcelo Ranieri era conocido en el barrio por no tomarse la vida a la ligera. Con la profundidad que lo caracteriza se acaba de dar cuenta que delante de sus ojos, tiene un problema filosófico aun no resuelto.
Piensa en silencio mirando hacia el suelo y moviendo el talón hacia arriba y hacia abajo tres o cuatro veces de manera consecutiva.
Comenzó a pensar seriamente que esto del dolor podría ser una herramienta que el tiempo utilice para soterrar voluntades. La dolencia en si misma podría proclamarse como el enemigo acérrimo de la ansiedad, pues desanimaría esas ganas locas que emergen desde los diferentes confines o puntos de inflexión estratégicos, provocando disímiles angustias y zozobras.
El Ruso observa un punto de fuga sito en la nada y desde esa quietud percibe de alguna
manera que el frío viento parece ser el encargado de transportar y distribuir las diferentes energías negativas. Llámense las incomparables formas del dolor.
Imaginó por unos instantes que el estímulo que percibe el inconsciente a colación de un agente externo como el viento, fuera a partir de un rotorizador energético que dependiendo de su propia velocidad distribuya energía oscura.
-Dijo en voz tenue:
¡Es una locura…!!! Luego desplegó una leve sonrisa.
Enseguida pensó…
O sea expandiéndose en el universo espacial de la mente. Entonces esto haría diseminar el dolor de manera grácil y atormentada con la voz de la materia oscura de la mente.
De allí que el subconsciente dicotomiza las formas de la realidad y monopoliza cautelosamente lo que necesita a través del viento. Utilizando una variación vehemente, tal vez buscando el trastorno mecánico del pensamiento.
-Es más profundo de lo que creí en un principio.
Esta más que claro que hay una similitud entre la mente y el universo, en los dos casos existe la materia oscura y en el caso de la mente, la materia oscura es el subconsciente.
-De pronto una señorita, por cierto bellísima, le dice a Marcelo sonrisa mediante:
-Señor, usted es el siguiente…
-Respondió agradablemente
-Perdón estaba viajando.
Lo atendieron muy cordialmente y cuando sale, antes de subir al Astra le manda un mensaje a su esposa.
-¡Sirlia pase por la panadería y llevo dos docenas de facturas!
Arrancó el auto en dirección a su hogar. Según parece se ha olvidado del problema filosófico y existencial que dejó colgado en el éter.
Encendió la radio y el locutor dijo…
-Según trascendidos, científicos de la NASA aseguran la similitud entre el universo y la mente.
El Ruso sonriente dijo…
¡Siempre lo supe!!!