Los cielos se resquebrajan, se agrietan y parten y en la explosión la Fortuna, con socarrona risa, despliega las madejas que urdirán el destino, y con infinita paciencia, entreteje los hilos que hilvanan el futuro.
Y con el temor a lo desconocido, a lo que ha de venir, a lo que sucederá, asistimos acongojados, pasmados, al baile vital: danza solitaria o acompañada, melodía universal que sonará de por vida, triste, alegre, maravillosa o nefasta, amarga o dulce, prieta o diluida.
Y un día cualquiera tal como comenzó terminará; cortará las pocas hilachas, los raídos flecos que el tiempo haya respetado y como títere sin titiritero la marioneta de derrumbará para siempre, hasta el fin de los tiempos.
¡Ah cruel y despiadada Fortuna!
Y con el temor a lo desconocido, a lo que ha de venir, a lo que sucederá, asistimos acongojados, pasmados, al baile vital: danza solitaria o acompañada, melodía universal que sonará de por vida, triste, alegre, maravillosa o nefasta, amarga o dulce, prieta o diluida.
Y un día cualquiera tal como comenzó terminará; cortará las pocas hilachas, los raídos flecos que el tiempo haya respetado y como títere sin titiritero la marioneta de derrumbará para siempre, hasta el fin de los tiempos.
¡Ah cruel y despiadada Fortuna!