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La Garganta De Las Calabazas

J.Allan

Poeta recién llegado
Corría el año de 1286, año donde las noches eran absoluta obscuridad y el día solo servía para trabajar, la aldea estaba muy tensa, dado a los terribles acontecimientos suscitados días antes de la temporada de calabazas. Dos familias completas y un perro habían desaparecido sin dejar rastro, la gente estaba enloquecida.

El temor a otro año negro hacia que la gente se encerrara en sus pequeñas casas de madera y paja, algunos incluso dormían en el establo por el simple hecho de tener compañía de algún miserable animal.

El 3 de marzo fui al bosque a recoger almendras y a casar aves, estaba muy entusiasmado
porque mi mama me haría sopa de macuco azul para la cena, había llegado al lago que estaba junto a una piedra con forma de tiburón, en lo personal nunca vi uno pero siempre imagine que así son, en fin... corrían varias historias espeluznantes acerca de el lago, pero para mi solo era la morada perfecta para que los adultos fueran a tener sexo sin ser molestados.

Entonces fue cuando recordé que los mejores hongos estaban a las orillas del bosque, justo en el cultivo de calabazas, sitio el cual estaba prohibido para propios y extraños. En mi camino hacia los campos de calabazas, me encontré a un hombre algo viejo y cansado:
-¿Hacia donde te diriges pequeño?- preguntó- clavando su mirada fría en mis ojos.
-A el campo de calab...
-Es un lugar peligroso- respondió antes de que pudiera decirlo completo.

-¡Bah! son solo historias, no le temo a unas cuantas serpientes y un poco de hierba. Respondí mirándolo a sus profundos ojos azules.
-Espero que tengas suerte camarada-dijo- después de darse media vuelta y seguir su camino.

Me limite a no dar mucha importancia a esa conversación y seguí mi camino, al cabo de una hora llegue al campo y me dispuse a juntar aquellos deliciosos hongos pero en eso
note que algo no estaba bien, los sonidos eran extraños casi fantasmales las hojas de los árboles se movían danzando y el aire hacia que de las ramas salieran rechinidos escalofriantes, y el mismo aire llevaba a mi nariz aquel olor flácido de calabaza partida y podrida, que aumentaba cada vez mas.

En aquel momento que di la vuelta, ¡no creía lo que veía, una boca gigante con colmillos enormes todo pintado de naranja y verde!
ahora...ahora creo que estoy muerto.


J.Allan V.Sosa
 
Última edición:
Vaya amigo¡ Estoy intrigado, ¿era una gran calabaza?.
Interesante relato, enhorabuena y un saludo.
 

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