De mi casa echo
los susurros viejos,
los adornos inútiles
que no tienen recuerdos tiernos.
Las repisas se llenan
de espacios, libros y fotos
y de besos.
La luz es mas bulliciosa.
Se agrandan los huecos,
se pintan con luz del vacío
y mis ojos pasean por las estancias.
Los ratos felices me invaden
como sinceras alabanzas,
como abrazos,
como una tarde de risas.
Me acarician la piel
las mañanas ocupadas
y tu figura silenciosa
que respira vida en el salón.
Me acompaña caminando la gata,
que como una sombrita blanca
va a mí pegada
oyendo la voz
y procurando mi mano
para sentir las caricias
que las dos deseamos.
los susurros viejos,
los adornos inútiles
que no tienen recuerdos tiernos.
Las repisas se llenan
de espacios, libros y fotos
y de besos.
La luz es mas bulliciosa.
Se agrandan los huecos,
se pintan con luz del vacío
y mis ojos pasean por las estancias.
Los ratos felices me invaden
como sinceras alabanzas,
como abrazos,
como una tarde de risas.
Me acarician la piel
las mañanas ocupadas
y tu figura silenciosa
que respira vida en el salón.
Me acompaña caminando la gata,
que como una sombrita blanca
va a mí pegada
oyendo la voz
y procurando mi mano
para sentir las caricias
que las dos deseamos.