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La guerra de las causas

carlos lopez dzur

Poeta que considera el portal su segunda casa
Digamos, por de pronto, que yo y mi mundo
somos causas materiales, seres necesarios
que ya aquí existimos, ¿qué más diré
desde esta materia bruta? ... yo existo y el mundo
aunque no me vea es mi espacio y lo piso
y me da los deseos de las causas eficientes…

Yo quiero ser como una mano que se aferra
a las cosas, modificadora mano
que hace lo que puede, hasta la herramienta
de su exilio; yo tengo ojos, olfato, oigo
que grita y grita el mundo detrás mío…

Hasta el viento da el eco,
hasta el olor me avisa si alguien que no soy
me sigue el paso; yo tengo mi canción
de causas formales, yo quiero mover causas
y hacer otras, distintas a la que a mí me han formado
y esas causas finales, últimas, supremas,
sí que me asustan; yo he estado investigando
los apriori… y me colocan
en conditio sine qua nom
con adoradores del cinismo y el azar,
con los suertudos… me están alegando
que todo da lo mismo…

Digamos que los sentidos no mienten
y que la forma existe; yo estoy feliz por ello
y feliz con la contiguidad de los fenómenos,
feliz porque cada objeto exista en el espacio
y también existe el tiempo; pero me han declarado
la guerra los enemigos de la conjunción constante,
los prioritarios que avanzan, sin explicar
cómo las causas se preceden en el tiempo
y el efecto se me entrega tardío, difuso,
amorfo, oculto, robado a mis sentidos.

Digamos que es necesaria esa prioridad
que me desvela; pero no que me digan que las causas
no existen, que no existen elementos iniciales,
sólo fantasmas, reliquias, fascinaciones.
Me dijeron que no hay causas suficientes.
Que no hay causas necesarias.
Que las interacciones son mero azar,
ciegas fuerzas sin orden, que no hay siquiera realidad
en los efectos, que no todo lo que pasa tiene causa.

Nunca me han pegado tan duro
esos escépticos, a los que llamé Mis Hermanos.
Me instruyen en soledad, si no hay causa final
ni situación iniciante, no existe mundo
no importa el por qué o para qué — yo viva.
No importa lo que hagamos, bueno o malo,
la retribución es igual, todo es determinismo,
chapucero salario de congoja
porque somos responsables absolutos
de un destino, que no tiene piedad
ni sentido. Todas las condiciones son equivalentes,
todo vale cero o mierda, el sentido causal
es boomerang en condiciones concurrentes.
Conditio sine qua nom. En manos de los ciegos
y en el ciego mundarro y en el ciego universo.

¿Y qué tal si hay una condición más eficaz que nos consuele?
¿Y qué tal si no toda condición es apropiada / adecuada /
para producir el efecto y nombrarse sus causas?
¿Qué? ¿No hay efectos queridos?
¿Toda guerra / intencionalidad / son en vano?
¿Vale lo mismo la buena fe y el delito?
¿Son pura discursividad los correlatos
cuando la última condición
es la que cuenta, o la que los enjuiciadores
toman por capricho en el tribunal del mundo?

28-08-2000 / El libro de la guerra

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