Josefina Baró
Poeta recién llegado
Una ciudad
perdida ya en el tiempo
y la oscuridad
algún día inició una guerra
que sería recordada por la eternidad.
Una manzana dorada
a los pies de tres diosas rodó
"para la más hermosa"
cada una de ellas en ésta leyó,
Comenzó una gran disputa
y como Zeus el caos ya veía
decidió que Paris, príncipe troyano,
sería quién juzgaría.
Muy pareja fue la competencia
y su decisión fue tomada
con mucha ciencia.
Ganó Afrodita, finalmente
y las otras se alejaron
enfadadas a muerte
con quien las había despachado.
La recompensa de la deidad
no se hizo esperar
pues prometió al muchacho
la mujer más hermosa conquistar.
Era Helena,
esposa de Menelao,
rey aqueo de armas tomar
y así esta guerra dio inicio
para su reina recuperar.
El cielo de rojo se teñía
mientras la sangre el suelo cubría
En cruentas batallas
diez años duró
la masacre que miles de vidas se llevó.
Ambas legiones muy igualadas estaban
pues con grandes héroes
y poderosos guerreros contaban.
El gran Aquiles
con un soplido
diez soldados abatía,
y Héctor le tomó gran antipatía.
Los dos se enfrentaron
en combate singular
La tensión en el ambiente
con un cuchillo se podía cortar.
Héctor peleó con astucia y valor
pero el griego era más fuerte
y fue pronto el vencedor.
Esto a los griegos alentó
como una llama en su interior.
se lanzaron al combate con renovado valor
Pero Paris no iba a quedarse
de brazos cruzados.
Disparó a Aquiles dardos envenenados
dando en el blanco
su talón
muriendo el héroe
en una gran confusión
Sin este gran enemigo
Troya ganaba la causa
En cuanto a Helena
parecía que nunca volvería a casa
En medio de esta enorme desesperación
fue el ingenio de Ulises
lo que salvó la situación.
Construyó un enorme caballo
con paciencia y precisión
Entraron en él
los mejores soldados
al mando del lugarteniente Agamenón
Como una inocente ofrenda
los muros blindados pasó
el gigante hueco
que para el antiguo pueblo
sería la perdición
Al amparo de las sombras
el ejército azotó
una verdadera paliza
a la ciudad que indefensa encontró
En medio de terribles gritos
la contienda terminó
La victoria griega
finalmente se logró
Sin embargo
no todo fueron felicidades
Especialmente para Ulises
a quien le esperaban
camino a casa
mil contrariedades
pero esa es otra historia
para otra ocasión
Y ya que se termina mi poema
y con el mi función
agradezco a la musa Calíope
por darme mi inspiración
perdida ya en el tiempo
y la oscuridad
algún día inició una guerra
que sería recordada por la eternidad.
Una manzana dorada
a los pies de tres diosas rodó
"para la más hermosa"
cada una de ellas en ésta leyó,
Comenzó una gran disputa
y como Zeus el caos ya veía
decidió que Paris, príncipe troyano,
sería quién juzgaría.
Muy pareja fue la competencia
y su decisión fue tomada
con mucha ciencia.
Ganó Afrodita, finalmente
y las otras se alejaron
enfadadas a muerte
con quien las había despachado.
La recompensa de la deidad
no se hizo esperar
pues prometió al muchacho
la mujer más hermosa conquistar.
Era Helena,
esposa de Menelao,
rey aqueo de armas tomar
y así esta guerra dio inicio
para su reina recuperar.
El cielo de rojo se teñía
mientras la sangre el suelo cubría
En cruentas batallas
diez años duró
la masacre que miles de vidas se llevó.
Ambas legiones muy igualadas estaban
pues con grandes héroes
y poderosos guerreros contaban.
El gran Aquiles
con un soplido
diez soldados abatía,
y Héctor le tomó gran antipatía.
Los dos se enfrentaron
en combate singular
La tensión en el ambiente
con un cuchillo se podía cortar.
Héctor peleó con astucia y valor
pero el griego era más fuerte
y fue pronto el vencedor.
Esto a los griegos alentó
como una llama en su interior.
se lanzaron al combate con renovado valor
Pero Paris no iba a quedarse
de brazos cruzados.
Disparó a Aquiles dardos envenenados
dando en el blanco
su talón
muriendo el héroe
en una gran confusión
Sin este gran enemigo
Troya ganaba la causa
En cuanto a Helena
parecía que nunca volvería a casa
En medio de esta enorme desesperación
fue el ingenio de Ulises
lo que salvó la situación.
Construyó un enorme caballo
con paciencia y precisión
Entraron en él
los mejores soldados
al mando del lugarteniente Agamenón
Como una inocente ofrenda
los muros blindados pasó
el gigante hueco
que para el antiguo pueblo
sería la perdición
Al amparo de las sombras
el ejército azotó
una verdadera paliza
a la ciudad que indefensa encontró
En medio de terribles gritos
la contienda terminó
La victoria griega
finalmente se logró
Sin embargo
no todo fueron felicidades
Especialmente para Ulises
a quien le esperaban
camino a casa
mil contrariedades
pero esa es otra historia
para otra ocasión
Y ya que se termina mi poema
y con el mi función
agradezco a la musa Calíope
por darme mi inspiración