Luis Adolfo
Poeta que considera el portal su segunda casa
Recuerdo la triste habitación,
la lamparita blanca, entonces amarilla,
teñida por el tiempo y por la luz,
la ausencia del aire en mis pulmones,
el lento devenir de los minutos,
el olor a humo
y la estrechez del cuarto,
un bodegón muy bien pintado,
la triste realidad de la cebolla,
la orla en la que estoy orondo
ataviado con una toga roja,
y los tres cuartos de vida,
quizás,
que aún me quedaban — quedan — por delante.
Última edición: