Los eternos vigías siderales,consumados en la constelación de Orion,observan por el buen cauce de la estructura del universo.A la espectativa de que las tormentas astrales de Sirius no desequilibren el fluído inmanente que permite hacer funcionar fehaciente la ley eterna de la gravitación.El sol se va apagando lentamente,y los mortales,cuyo perfume marchito ya por las inclemencias terribles que caen sobre la tierra de aún verdeante primavera en flor,se aterran por la visión extra natural de un agujero negro que con su descomunal fuerza centrípeta ya se ha tragado a la mansa luna llena.Entonces se produce lo insólito.De las estrellas lejanas a la galaxia conocida,una legión de Anunakis vienen en planeadores platillos volantes para anunciar la buena nueva...ni más ni menos que la transmigración del alma inmortal que ostenta en su crepuscular cuerpo la humanidad a artilugios de vida virtual,construidos por esos extraterrestres,mitad dioses,para que vuelen con ellos,antes de la funesta hecatombe intergalática.