Aria
Poeta fiel al portal
Cuentan en el pueblo
la historia de la joven gitana,
que en noches de luna llena
bajaba sola al río,
desnuda y descalza.
Despeinaba sus cabellos
y con sus manos delicadas,
hacía un sortilegio
con barro, romero y agua.
El cielo se abría
y en un rescoldo encendido,
veía al joven caballero,
con labios de fuego,
cabellos negros azabache
y ojos de misterio.
Cabalgaba un potro negro, desbocado,
hilvanando suspiros de luna,
bajaba a su lado.
El viento cual orate
apretaba y apretaba
y bajo el cielo estrellado,
hasta que llegaba el alba,
se amaban sin palabras.
De madrugada le buscaba
aullando a su lado,
en sus sueños le gozaba,
su tormenta, su pecado.
Era su quimera, su locura,
su pasión desenfrenada,
su vela en noches solitarias,
su todo en el alma tatuado.
Le mataba el silencio,
le agotaba la espera,
porque solo podía amarlo
en noches de luna llena.
Dicen que una noche
con luna menguante,
encontraron en el río
su cuerpo bañado de sangre.
Y desde entonces en el valle,
en noches de luna llena,
retumba en el pecho,
sin explicación cualquiera,
un ardiente redoble
con son de primavera.
la historia de la joven gitana,
que en noches de luna llena
bajaba sola al río,
desnuda y descalza.
Despeinaba sus cabellos
y con sus manos delicadas,
hacía un sortilegio
con barro, romero y agua.
El cielo se abría
y en un rescoldo encendido,
veía al joven caballero,
con labios de fuego,
cabellos negros azabache
y ojos de misterio.
Cabalgaba un potro negro, desbocado,
hilvanando suspiros de luna,
bajaba a su lado.
El viento cual orate
apretaba y apretaba
y bajo el cielo estrellado,
hasta que llegaba el alba,
se amaban sin palabras.
De madrugada le buscaba
aullando a su lado,
en sus sueños le gozaba,
su tormenta, su pecado.
Era su quimera, su locura,
su pasión desenfrenada,
su vela en noches solitarias,
su todo en el alma tatuado.
Le mataba el silencio,
le agotaba la espera,
porque solo podía amarlo
en noches de luna llena.
Dicen que una noche
con luna menguante,
encontraron en el río
su cuerpo bañado de sangre.
Y desde entonces en el valle,
en noches de luna llena,
retumba en el pecho,
sin explicación cualquiera,
un ardiente redoble
con son de primavera.
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