Parece ser que la espiritualidad laica
va cogiendo fuerza.
Son personas que han experimentado y
por tanto tienen la certeza más que la fé.
Me he cogido vacaciones espirituales por
agotado que estoy.
El cielo està dentro de nosotros. Somos dioses de regreso a nuestro hogar, que
es nuestro ser.
Pero necesitamos hacer incursiones en la
materia . Es decir, tenemos nuestro ser
radiante de amor en el paraíso y una proyección ilusoria en este mundo material.
Aquí somos un puñado de pensamientos y emociones que ocupan un cuerpo gobernado por el ego. El ego actúa como una capa de hormigón
que oculta y no deja filtrar nuestro ser . Sin el ser nos quedamos sin amor y sufrimos. Pero tengo buenas noticias, hay un atajo para burlar al ego y acceder a Dios aunque muchos caminos conducen a Roma como la oración, la meditación, el
Camino de la cruz del sufrimiento etc
Se trata de la presencia. A través del presente extremo puedes burlar al diablo
Y entrar al cielo.
A mí me pasó de la forma más inverosímil
aunque solo duró unos minutos.
Suficiente para saber qué Tolle tenía razón. Hay un atajo para entrar
al cielo, para reencontrar nuestro ser.
va cogiendo fuerza.
Son personas que han experimentado y
por tanto tienen la certeza más que la fé.
Me he cogido vacaciones espirituales por
agotado que estoy.
El cielo està dentro de nosotros. Somos dioses de regreso a nuestro hogar, que
es nuestro ser.
Pero necesitamos hacer incursiones en la
materia . Es decir, tenemos nuestro ser
radiante de amor en el paraíso y una proyección ilusoria en este mundo material.
Aquí somos un puñado de pensamientos y emociones que ocupan un cuerpo gobernado por el ego. El ego actúa como una capa de hormigón
que oculta y no deja filtrar nuestro ser . Sin el ser nos quedamos sin amor y sufrimos. Pero tengo buenas noticias, hay un atajo para burlar al ego y acceder a Dios aunque muchos caminos conducen a Roma como la oración, la meditación, el
Camino de la cruz del sufrimiento etc
Se trata de la presencia. A través del presente extremo puedes burlar al diablo
Y entrar al cielo.
A mí me pasó de la forma más inverosímil
aunque solo duró unos minutos.
Suficiente para saber qué Tolle tenía razón. Hay un atajo para entrar
al cielo, para reencontrar nuestro ser.
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