Kein Williams
Poeta fiel al portal
La madre mira acongojada
ya casi llegando a la violencia
como discuten sus hijos en la sala
por la división de la herencia.
El padre había fallecido
y no había dejado un testamento
-Quiero la finca; dice el tercer hijo.
Y el edificio de apartamentos.
El mayor quiere los coches
que el papá tenía de colección
también la casa con el porche
y la distribuidora de alcohol.
El del medio, el ignorado
solo les decía sin cesar
-¿Es que ustedes han pensado
en dejar en la calle a mamá?
-¡Tengo hijos y pienso en su futuro!
Responde el hijo primogénito.
Y aunque el menor le da crédito
también quiere algo seguro.
La madre de pronto se acerca
con un arma apuntando a su sien
los tres quedan de boca abierta
pasmados sin saber qué hacer.
De pronto alguien atina
-¿Mamá te volviste loca?
¡Calla! Responde enseguida.
Si mi vida no te importa.
Su padre estaría decepcionado,
pelear por el cochino dinero.
¿Acaso así los educamos,
como viles usureros?
Al menos uno tuvo decencia
y no quiso repartir el pastel
así que si quieren la herencia
entonces me iré yo también.
Y a pesar de los ruegos
que le hacían sus hijos
la madre dará un escarmiento
como castigo aplicativo.
Y entonces aprieta el gatillo
con el arma apuntando a su frente
y en la sala se oyeron tres gritos
por el terror de los presentes.
Pero el arma no tiene balas
y la madre tan solo los mira
el silencio retumba en la sala
luego del suicidio de mentira.
Hasta que el mayor habla:
-¿Quieres darme un infarto?
¡Mejor no digas una palabra,
que me decepcionaste tanto!
Mirando al hijo del medio
le dice que está orgullosa
mientras que al tercero
le recuerda una cosa.
Que ya sabe quien va a cuidarla
cuando la vejez llegue con sigilo
y que la llevará con él a su casa
en vez de dejarla en el asilo.
Así que a los otros dos les recuerda
que ella es la albacea de su padre
así que su única herencia
tendrá que ser aguantarle.
Porque planea vivir muchos años
y disfrutar de todo lo que tiene
con el tiempo los habrá perdonado
pero por ahora que ni se lo piensen.
La sala ya han abandonado
con la culpa en sus mentes.
ya casi llegando a la violencia
como discuten sus hijos en la sala
por la división de la herencia.
El padre había fallecido
y no había dejado un testamento
-Quiero la finca; dice el tercer hijo.
Y el edificio de apartamentos.
El mayor quiere los coches
que el papá tenía de colección
también la casa con el porche
y la distribuidora de alcohol.
El del medio, el ignorado
solo les decía sin cesar
-¿Es que ustedes han pensado
en dejar en la calle a mamá?
-¡Tengo hijos y pienso en su futuro!
Responde el hijo primogénito.
Y aunque el menor le da crédito
también quiere algo seguro.
La madre de pronto se acerca
con un arma apuntando a su sien
los tres quedan de boca abierta
pasmados sin saber qué hacer.
De pronto alguien atina
-¿Mamá te volviste loca?
¡Calla! Responde enseguida.
Si mi vida no te importa.
Su padre estaría decepcionado,
pelear por el cochino dinero.
¿Acaso así los educamos,
como viles usureros?
Al menos uno tuvo decencia
y no quiso repartir el pastel
así que si quieren la herencia
entonces me iré yo también.
Y a pesar de los ruegos
que le hacían sus hijos
la madre dará un escarmiento
como castigo aplicativo.
Y entonces aprieta el gatillo
con el arma apuntando a su frente
y en la sala se oyeron tres gritos
por el terror de los presentes.
Pero el arma no tiene balas
y la madre tan solo los mira
el silencio retumba en la sala
luego del suicidio de mentira.
Hasta que el mayor habla:
-¿Quieres darme un infarto?
¡Mejor no digas una palabra,
que me decepcionaste tanto!
Mirando al hijo del medio
le dice que está orgullosa
mientras que al tercero
le recuerda una cosa.
Que ya sabe quien va a cuidarla
cuando la vejez llegue con sigilo
y que la llevará con él a su casa
en vez de dejarla en el asilo.
Así que a los otros dos les recuerda
que ella es la albacea de su padre
así que su única herencia
tendrá que ser aguantarle.
Porque planea vivir muchos años
y disfrutar de todo lo que tiene
con el tiempo los habrá perdonado
pero por ahora que ni se lo piensen.
La sala ya han abandonado
con la culpa en sus mentes.