Palokin
Poeta recién llegado
La vi desnuda sobre la menguante luna,
Vi en su pecho sus cabellos boreales,
Como cántaro al agua mis ojos lloraron,
Porque mi sueños parecían ser reales.
por un haz de luz la vi viajando
con sus piel nocturna llenaba todo el aire,
con sus olores de estrellas recién nacidas,
yo no creía nunca dejar de mirarle.
con su rostro iluminaba mi noche
Y Sobre mi alma lanzaba miradas fatales,
trate con mis labios poder alcanzarla
para llegar a su luna y poder besarle.
Luego la vi invitándome a su vuelo,
Elevándome por montes inalcanzables,
si tan solo pudiera levantar mis pies del suelo,
seria el mas feliz de los mortales
de su boca brotó fuego como lluvia,
yo desvanecí sobre lagunas mentales
cuando pronto al mundo nuevo regreso,
habían en mí, alas para elevarme.
con sus manos tomaba las mías,
sentía su piel de seda en mi cuerpo rozarme,
que felicidad, que dicha yo sentía
no importaba nada, sin miedo pude amarle.
el final fue con lagrimas de despedida,
y mire sus ojos que querían hablarme,
cayó entonces en mi el por qué de su tristeza,
había llegado la hora, debía marcharse.
la vi alejarse, y ahora en pena mi alma está,
vaga por oscuros desiertos letales,
pensando y masticando mi suerte voy,
¿porque llegó tan luego la muerte a buscarme?
Vi en su pecho sus cabellos boreales,
Como cántaro al agua mis ojos lloraron,
Porque mi sueños parecían ser reales.
por un haz de luz la vi viajando
con sus piel nocturna llenaba todo el aire,
con sus olores de estrellas recién nacidas,
yo no creía nunca dejar de mirarle.
con su rostro iluminaba mi noche
Y Sobre mi alma lanzaba miradas fatales,
trate con mis labios poder alcanzarla
para llegar a su luna y poder besarle.
Luego la vi invitándome a su vuelo,
Elevándome por montes inalcanzables,
si tan solo pudiera levantar mis pies del suelo,
seria el mas feliz de los mortales
de su boca brotó fuego como lluvia,
yo desvanecí sobre lagunas mentales
cuando pronto al mundo nuevo regreso,
habían en mí, alas para elevarme.
con sus manos tomaba las mías,
sentía su piel de seda en mi cuerpo rozarme,
que felicidad, que dicha yo sentía
no importaba nada, sin miedo pude amarle.
el final fue con lagrimas de despedida,
y mire sus ojos que querían hablarme,
cayó entonces en mi el por qué de su tristeza,
había llegado la hora, debía marcharse.
la vi alejarse, y ahora en pena mi alma está,
vaga por oscuros desiertos letales,
pensando y masticando mi suerte voy,
¿porque llegó tan luego la muerte a buscarme?