dulcinista
Poeta veterano en el Portal
Murió la mujer del rey,
la madre de la princesa,
murió una noche de enero,
se fue una noche de fiesta;
llovía y hacía viento,
sola la niña se queda;
volvióse a casar su padre,
en un mal día lo hiciera,
la madrastra mujer joven,
alta, delgada y siniestra,
por alma un dardo afilado
y sus palabras son flechas
que lanza contra la niña
que de su madre se acuerda:
Madre, ¿por qué me dejaste
este dolor y esta pena?
La madrastra tiene un hijo
que con otro hombre tuviera
y los celos se la comen
pues el rey poco lo aprecia;
él tan solo quiere a su hija
y solo en la niña piensa.
Con mucho rencor y envidia
un plan la madrastra ordena:
La manda al bosque cercano
a recoger unas fresas,
detrás de ella marcha un criado
con el alma cruel y negra;
la persigue por el bosque
y la hiere en una pradera;
sangrando por un costado
y pensando que está muerta
la arroja en un pozo negro
que habita la calavera
de un santo que por ser santo
le cortaron la cabeza.
No temas el santo le dice,
no temas que serás reina,
no temas y bien atiende,
atiende y no te entretengas:
Irás donde está tu padre,
irás ante su presencia,
otra cara y otro cuerpo
te daré otra vestimenta,
te adentrarás en su sueño,
le hablarás de esta manera:
Padre mío, me mataron
y mi alma presa se encuentra
en un pozo oscuro y negro
donde ni el diablo se adentra;
la asesina es una harpía,
la asesina es una fiera
que en su mesa come y habla
de muy artera manera
y con usted padre duerme
y con usted padre sueña
y le dice que me quiere
aunque miente la muy perra.
Llegó la noche y la niña
a su padre se presenta
toda vestidita de oro
de los pies a la cabeza.
El padre en sueños la mira,
con asombro la contempla
y después de sus palabras
el monarca se despierta
y con gritos a sus criados
les dice de esta manera:
Pronto, ensillad mi caballo,
el más veloz que yo tenga
que voy a buscar a mi hija,
que me espera la princesa
en las tinieblas de un pozo
su alma ya sin vida presa
de la muerte que de manos
del demonio recibiera.
La madrastra lo oye y ríe
y su negra alma se alegra.
Montado sobre el caballo
entre los árboles vuela
hasta que escucha una frase
que sale de la maleza:
Para jinete, detente,
vuelvete y trae una cuerda
y baja para que subas
hacia la vida esta prenda
a la que la vida diste
en una noche de estrellas.
Ya baja al pozo el buen rey
con dolor y con tristeza
y sube veloz y alegre
pues es su hija quien lo alienta.
Se montan en el caballo,
los dos vuelven por la senda
que los conduce al palacio
donde la madrastra espera.
Ya clarea el nuevo día
cuando llegan a la puerta
y ordena el rey a sus criados
que recojan mucha leña
para quemar a la noche
sobre su fuego a una hiena.
Llega la noche y la sacan
vacías las negras cuencas
sin ojos para mirar
cortada su mano diestra.
El fuego alumbra la noche
y quema su cabellera,
aúlla un lobo en los montes
y un grito de dolor suena
mientras oculta en las sombras
la madre de la princesa
vuelta de la tumba dice:
Tarda la mano de Dios
pero a todas partes llega.
Eladio Parreño Elías
27-Abril-2013
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