Luis Fernando Tejada
Poeta reconocido
El cielo gris,
los rumores
de las hojas
de los árboles,
sombras sobre
las paredes,
ruinas que se enfrían
si suprimimos
los recuerdos.
Se está manchado
en la soledad
y en el lodo que no distingue,
condenando a la materia
al olor oxidado por siempre,
ella nos exige
liberar la primavera.
El viento
en el rostro,
la hierba en las rodillas,
el jardín es el
pequeño cielo
inconmensurable.
Basta de vagar
entre las penas,
llegó el momento
del fulgor
sobre la vida,
no más la soledad
de los delirios,
es la hora de los sueños
en las nubes
lentas y ligeras.
los rumores
de las hojas
de los árboles,
sombras sobre
las paredes,
ruinas que se enfrían
si suprimimos
los recuerdos.
Se está manchado
en la soledad
y en el lodo que no distingue,
condenando a la materia
al olor oxidado por siempre,
ella nos exige
liberar la primavera.
El viento
en el rostro,
la hierba en las rodillas,
el jardín es el
pequeño cielo
inconmensurable.
Basta de vagar
entre las penas,
llegó el momento
del fulgor
sobre la vida,
no más la soledad
de los delirios,
es la hora de los sueños
en las nubes
lentas y ligeras.
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