Todo lo que hoy contempla tu mirada,
mañana será polvo, bruma y eco.
La flor que en luz se muestra tan alzada,
se inclina con el tiempo en su reflejo.
El río no es el mismo en su corriente,
ni tú eres ya quien fuiste al mediodía.
Todo se va, mas todo está presente
si abrazas su mudanza sin porfía.
Los rostros cambian, los abrazos pasan,
el cielo gira en ciclos invisibles,
las manos que sostienen se desgastan,
las certezas se tornan imposibles.
Nada perdura, salvo lo que aceptas
como fugaz y, por serlo, sagrado.
La vida no se mide en las respuestas
sino en el alma que lo ha transitado.
No intentes retener lo que se esfuma,
ni encadenar la sombra del latido;
la mar besa la arena con su espuma,
y al irse deja el beso consentido.
mañana será polvo, bruma y eco.
La flor que en luz se muestra tan alzada,
se inclina con el tiempo en su reflejo.
El río no es el mismo en su corriente,
ni tú eres ya quien fuiste al mediodía.
Todo se va, mas todo está presente
si abrazas su mudanza sin porfía.
Los rostros cambian, los abrazos pasan,
el cielo gira en ciclos invisibles,
las manos que sostienen se desgastan,
las certezas se tornan imposibles.
Nada perdura, salvo lo que aceptas
como fugaz y, por serlo, sagrado.
La vida no se mide en las respuestas
sino en el alma que lo ha transitado.
No intentes retener lo que se esfuma,
ni encadenar la sombra del latido;
la mar besa la arena con su espuma,
y al irse deja el beso consentido.
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