Kwisatz
Poeta asiduo al portal
LA IDEA DEL MAL
Primero de todo habría que preguntarse ¿Qué es el mal?
Lo que tenemos claro son sus consecuencias. De algún modo deriva en el sufrimiento o daño a una criatura sintiente, directa o indirectamente, aunque pueda haber una contraparte que se beneficie de ello.
Las razones para cometer el mal pueden ser de lo más variadas: egoísmo, ignorancia, aburrimiento, supervivencia o simple placer sádico de control o poder.
Pero esto sería cierto si lo comete un ser vivo con voluntad.
Lo inquietante es cuando el mal es producido por sucesos aparentemente aleatorios, que ocurren de forma espontánea o sin un propósito que nosotros podamos comprender.
Tal podría ser el caso de lo que denominamos “catástrofes naturales”.
Tal vez para hablar del concepto del mal tendríamos que aceptar que el sufrimiento no se deriva únicamente del mal. Es decir, el sufrimiento es parte de la realidad que experimentamos independientemente de si proviene de una acción maligna o de otro suceso natural.
¿Cómo tildar de maligno a un predador que mata a la presa para poder sobrevivir él y su progenie? ¿O a un terremoto producido por el movimiento de placas tectónicas? ¿Cómo atribuir malicia a un organismo sin conciencia como una bacteria o virus, o una enfermedad causada por una mutación aleatoria en su ADN?
El sufrimiento forma parte de la existencia y no se lo puede atribuir necesariamente a la maldad.
Esta conclusión puede resultar comprometida para aquellos que consideren que nuestra realidad fue diseñada o creada por un ente superior o dios. Implica que el sufrimiento fue introducido adrede como parte del mecanismo que hace funcionar al Cosmos.
Es posible que ese sufrimiento sea necesario, puesto que en última instancia sirva a un equilibrio superior, a un balance que permita la continuidad de la existencia tal como la conocemos, o la perdurabilidad de la vida. En este último caso puede ser entendido, por ejemplo, cuando hablamos de teorías de juegos donde poblaciones de presa y predador fluctúan para mantener un equilibrio ecológico.
Se podría inferir entonces, que el sufrimiento es una consecuencia necesaria para la consecución de un bien mayor, viéndolo desde la perspectiva más positiva.
Entonces, si el sufrimiento es intrínseco a la realidad ¿En qué lugar queda la idea del mal?
Yo diría, y esto sí que es una apreciación personal, que es un incremento innecesario del sufrimiento ajeno.
Porque el sufrimiento nos hermana, es algo que todos compartimos por existir y el cual queremos evitar todo lo posible.
Por tanto, alguien que incremente el sufrimiento de un semejante u otra criatura por las razones aducidas al principio de este ensayo de forma consciente y premeditada, se puede decir que esta ejerciendo el mal.
Es un traidor a sus hermanos en el sufrimiento y por tanto un ser antisocial que merece ser expulsado de la comunidad.