Magigozartor Agatho
Poeta recién llegado
La ignorancia de la Manzana
me acerco a ti,
como al delirio,
y el rayo ansioso del crepúsculo,
ilumina mi agotado rostro, levanto mi mirada ligera al sol, que se oculta cobarde, con esa cara de cristo crucificado.
Camino por el sendero,
y pisoteo con el talón de mis pies fríos, espinas furiosas tan puntiagudas,
las heridas me gritan que quieren irse de mi piel.
A las orillas de las ramas,
ramas ya casi rendidas, veo,
que, las lechuzas mudas, le dicen al chacal sordo, que la luna ciega ya lo está
observando.
Allí, en efecto, me acerco a ti como al suicidio, y me arrastro por la tierra
clamando a las musas, por una inspiración ultima, me estás tentando, en el
momento me rodean las tantas damas escandalosas del socorro.
Un Sàbat a mí alrededor se esta ritualizando, y no puedo seguir acercándome a
tu tentación.
al suelo despavorido me derribaron las violentas manos de la feroz angustia,
me sumergí en un sueño borroso,
era entonces un arlequín extraviado en un circo rojo.
deslice mi boca por su pecado rojo, por cada pared de aquel circo,
mordíendo sus tiernas sustancias, el agua bajaba
en casacada por las orillas de mis labios
era dulce como la manzana,
comencé a sentír vergüenza y deseos inquietos
de maquillar mi rostro a blanco y negro
de pronto de las escaleras sombrías una multitud sin rostro,
aplaudía y reía de mi acto,
se regocijaban, como perros hambrientos de satìras.
me acerque a ti como a la ignorancia, ahora puedo gritar
al eco del oráculo,
y sin vergüenza al público ridículo, enfermizo.
Soy hombre sabio, soy la sabiduría
de la manzana ignorante
del dulce sabor,
sabor a los misterios secos y húmedos, tibios y fríos, de la vida
eviterna,
de la eviterna vida en los espejos
de las almas vanidosas.