Asklepios
Incinerando envidias
La imposibilidad de anular las contaminadas partículas halladas en los suspiros, provocó que su eco alargara, con entrecortadas y torpes repeticiones invisibles, su confesada insumisión al Uno, a lo Puro. Así, el eco se proclamó como confirmación mutilada y tartamuda, de la rebeldía ante lo simple y la decidida predisposición por luchar contra lo concluso.
consiguió hacer de la ruina sonora que viaja, del explorador de lo aéreo e invasor de la brisa, una valiosa herramienta más entre muchas en las que se apoyaba para completar su tan insólita ocupación.
durante su reposar nocturno, solía repartir innumerables susurros ininteligibles entre las horas que se amontonaban en el olvido vespertino. este momento era siempre acompañado de la intuición, del sospechar que la anónima rotación terrestre también fluía, sutil e inapreciablemente, en la enigmática expansión del Universo.
consiguió hacer de la ruina sonora que viaja, del explorador de lo aéreo e invasor de la brisa, una valiosa herramienta más entre muchas en las que se apoyaba para completar su tan insólita ocupación.
durante su reposar nocturno, solía repartir innumerables susurros ininteligibles entre las horas que se amontonaban en el olvido vespertino. este momento era siempre acompañado de la intuición, del sospechar que la anónima rotación terrestre también fluía, sutil e inapreciablemente, en la enigmática expansión del Universo.