kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
LA INSALVABLE TRISTEZA
Maldigo el recuerdo de la mirada de mi padre
tan llena de insalvable tristeza
al montar en aquel taxi.
Cómo llovía aquella noche...
Con nerviosa torpeza quiso bajar la ventanilla,
pero no pudo;
y mientras el taxi arrancaba se giró
anclándose su mirada en mí, para siempre,
hasta perderse entre la niebla ambarina de las farolas.
Desde entonces no soporto el llanto, ni el otoño.
Hay recuerdos que el tiempo no cura,
los infecta de porqués y los agrava.
¡A la ventana que mediaba entre nosotros le tocaba estar translúcida!,
no era necesaria tanta crudeza,
pues ya lo había comprendido todo.
Maldita sea aquella calle
y el implacable siseo de la lluvia
confinada entre las farolas y el piso negro;
¡y el puto sumidero que se tragaba el aire que me faltaba!
Y entretanto, la indiferencia de la belleza
que seguía su camino:
el baile postrero de unas hojas de acacia entre el rojo y el verde del semáforo.
Verde verdemar como sus ojos...
Y después corrí, corrí mucho.
Necesitaba extirpar el dolor, cagándome en Dios,
llorando, gritando o tirándome al sucio puerto.
Buscaba a los responsables
bramando al cielo de aquella madrugada indolente,
y no paraba de llover.
Fue la vez que menos aprecio tuve a la vida.
Amanecí desnudo
en el rellano de la escalera
con el rostro pegado al mármol,
légamo ácido, tequila y barro;
y sangre, había sangre también.
Lo había vomitado todo salvo mi tristeza.
¡¿Qué haces aquí tirado en pelotas?!,
han pasado tus padres por casa.
Eres un jodido impresentable, compañero,
¡y un puto borracho!
Nadie supo que aquella tarde había comprendido
que mi padre iba a morir.
~ Kalkbadan ~
Madrid, abril 2013
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