Cae la noche y tu,vil fantoche de llama moribunda,clamas al Dios todopoderoso por un sentimiento de congoja que inunde tu alma negra...obscurecida por los pecados capitales que en tu tierna juventud sostenías como una monstruosa hidra de siete nefastas cabezas.El Altísimo,vociferando como un siniestro poseso,te hiere con su eco calamitoso de vozarrón estrangulado,en lo más íntimo de tu ser empírico.Y tu,enfurecido,decides hacer jirones de carne y espuma el cuerpo presente de tu doble macilento que perpetra en la inmensidad del silencio obtuso.Entonces las estrellas y la luna se apagan de inmediato,para espanto sacrílego de los ángeles dadivosos y tiernos hacia la causa de su todopoderoso Señor que mora eterno en las flagelantes alturas.Comienzas a reír con salvaje hilaridad,sabiendo que así se te hará presente el dios de las tinieblas.Mas tu,impasible,lo esperas impaciente para que encienda la lúgubre luminaria de la insurrección que te ha de llevar hacia gloriosos parajes que ni un millar de sonámbulos soñaron en su insano crepitar de onírico crepúsculo.Cuando Satanás se despliega en toda su apoteósica apariencia espectral ante tu imagen de pecador enfebrecido,tu,sanguinario y cruel,apuñalas en el corazón sacro santo de tu numen tutelar que Dios sumergió en tu conciencia ahora marchita.Es entonces cuando rebota como un alocado sol apagado en tu inconsciente exaltado,el deseo de hacerte Uno con Lucifer.Éste te agarra de tu soberbia cabellera de oro y te lleva volando raudo por la obscuridad infinita,enseñándote grave los imperios que te dará humillados ante tus pies de fuego si injurias al instante el sacro santo nombre oculto de Yahvé. Así lo haces,y las escamas del pecado caen sobrenaturalmente de tus ojos ahora encendidos por la sabiduría ancestral que en un día de sagrado silencio le fue negada a la primera pareja que osó desobedecer las órdenes implacables de aquel Ser que ya no mora en las alturas,sino que se difuminó como ilusión de tu desaparecida virtud moral.