
Arnold Böecklin 1880
Los últimos destellos vespertinos
agrian la catacumba y los cipreses.
Al islote se embarcan peregrinos,
en desabrida pose… van corteses;
uno de pie, y el otro dirigiendo
el periplo, en un piélago sin peces.
Causan malicia por llevar atuendo
que, fácilmente plasma la quietud,
pero en oscura atmósfera, en crescendo,
se transporta, en la barca, un ataúd.
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