Javi C.
Poeta que considera el portal su segunda casa
El vídeo no mató a la estrella de la radio como profetizaba la canción.
Jimi Hendrix vio cumplido su deseo y besa el cielo con los acordes de su alma.
El mundo virtual de internet no condenó al libro a la hoguera
como preconizaban los agoreros del pesimismo y los voceros de la inquisición.
El poder en todas sus formas no acallará jamás la voz del poeta.
Lorca vive en New York. Recita sus poemas en algún club de jazz
acompañado de notas armónicas que ensombrecen la estatua de la libertad,
pintada en un cuadro del local con trazos de la idiotez del hombre
que muere, tomando vida, en algún rincón del orbe.
Reina la locura edificada por las manos de hombres suicidas,
mensajeros del terror; por las palabras mancilladas de fanáticos religiosos,
políticos populistas, corruptos, dictadores, traficantes de la mentira...
paisajes sembrados de cenizas bajo el estruendo atronador
de guerras fraticidas y hombres enmudecidos por su propia cobardía.
La tierra está sembrada de cadáveres devorados por la ignominia
de un largo etcétera, y un sinfín de puntos suspensivos
que vislumbran todas sus miserias.
Tras la oscuridad siempre surgió la luz de las tinieblas.
Queda la esperanza junto a toda quiebra que puebla la tierra.
Es nuestra obligación, soñar, hacer realidad la ficción,
denunciar toda sumisión, abolir la esclavitud, construir la libertad
respirar, proclamar, antes de dar el paso,
toda la mentira que nos configura,
que, dentro de nosotros, dormita en coma.
Podemos y debemos cambiar el mundo, virar hacia nuevos rumbos,
mas primero transformemos nuestros cuerpos, regresemos,
nos espera
nuestra esencia verdadera;
mirémonos
dentro,
nos alienta
un lazo común,
el espíritu imperecedero,
que nos hace luchar
y seguir viviendo.
Jimi Hendrix vio cumplido su deseo y besa el cielo con los acordes de su alma.
El mundo virtual de internet no condenó al libro a la hoguera
como preconizaban los agoreros del pesimismo y los voceros de la inquisición.
El poder en todas sus formas no acallará jamás la voz del poeta.
Lorca vive en New York. Recita sus poemas en algún club de jazz
acompañado de notas armónicas que ensombrecen la estatua de la libertad,
pintada en un cuadro del local con trazos de la idiotez del hombre
que muere, tomando vida, en algún rincón del orbe.
Reina la locura edificada por las manos de hombres suicidas,
mensajeros del terror; por las palabras mancilladas de fanáticos religiosos,
políticos populistas, corruptos, dictadores, traficantes de la mentira...
paisajes sembrados de cenizas bajo el estruendo atronador
de guerras fraticidas y hombres enmudecidos por su propia cobardía.
La tierra está sembrada de cadáveres devorados por la ignominia
de un largo etcétera, y un sinfín de puntos suspensivos
que vislumbran todas sus miserias.
Tras la oscuridad siempre surgió la luz de las tinieblas.
Queda la esperanza junto a toda quiebra que puebla la tierra.
Es nuestra obligación, soñar, hacer realidad la ficción,
denunciar toda sumisión, abolir la esclavitud, construir la libertad
respirar, proclamar, antes de dar el paso,
toda la mentira que nos configura,
que, dentro de nosotros, dormita en coma.
Podemos y debemos cambiar el mundo, virar hacia nuevos rumbos,
mas primero transformemos nuestros cuerpos, regresemos,
nos espera
nuestra esencia verdadera;
mirémonos
dentro,
nos alienta
un lazo común,
el espíritu imperecedero,
que nos hace luchar
y seguir viviendo.
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