La lengua dormida

Finé

La eterna novata
Hechizada por una especie de enfermiza atracción escarbé entre los libros buscando próximas lecturas. Encontré, retenido en las páginas de El tambor de hojalata, un número de teléfono antiguo. Reviví el día en el que aquella historia de amor comenzó y, dispuesta a descartar esta colisión como una señal, proseguí mi búsqueda.
Como si de pronto hubiera tomado conciencia de que no sé nada, de que he desperdiciado momentos que podían haberme alimentado, de que no estoy en condiciones de producir; como si hubiera ayunado mil días, sentí la necesidad de saciarme.
Al mismo tiempo perdía toda confianza en mi escritura.
Engullí mis palabras, respiré el propio aliento. Que es que no llegué a tiempo, que se me hizo tarde, que no me esperaron, que me dejaron sola, con la lengua dormida y un ejército de hormigas recorriendo mis labios. Inoportuno sigilo que abusó de descuidos.
Que por no haber dicho, ya no digo.
Ahora voy a deshacerme, a aprender otro idioma y decirlo distinto. A desvestirme por los pies, a caminar del revés, a contar hasta diez empezando por cinco, a elaborar un inventario con mis muchos olvidos, a yacer en camas verdes con amores fingidos, a fumar otra marca, a lucir una calva, a inventarme recetas, a cambiarme de nombre, a desbocar mis instintos.
Hacerme, deshacerme...
 
Última edición:
Hechizada por una especie de enfermiza atracción escarbé entre los libros buscando próximas lecturas. Encontré, retenido en las páginas de El tambor de hojalata, un número de teléfono antiguo. Reviví el día en el que aquella historia de amor comenzó y, dispuesta a descartar esta colisión como una señal, proseguí mi búsqueda.
Como si de pronto hubiera tomado conciencia de que no sé nada, de que he desperdiciado momentos que podían haberme alimentado, de que no estoy en condiciones de producir; como si hubiera ayunado mil días, sentí la necesidad de saciarme.
Al mismo tiempo perdía toda confianza en mi escritura.
Engullí mis palabras, respiré el propio aliento. Que es que no llegué a tiempo, que se me hizo tarde, que no me esperaron, que me dejaron sola, con la lengua dormida y un ejército de hormigas recorriendo mis labios. Inoportuno sigilo que abusó de descuidos.
Que por no haber dicho, ya no digo.
Ahora voy a deshacerme, a aprender otro idioma y decirlo distinto. A desvestirme por los pies, a caminar del revés, a contar hasta diez empezando por cinco, a elaborar un inventario con mis muchos olvidos, a yacer en camas verdes con amores fingidos, a fumar otra marca, a lucir una calva, a inventarme recetas, a cambiarme de nombre, a desbocar mis instintos.
Hacerme, deshacerme...

Una delicia esta prosa, me ha encantado la referencia al Tambor de hojalata que leí hace muchos años y a partir de ahí he disfrutado mucho de la protagonista y del modo de expresarse. Felicidades!!

Saludos,

Palmira
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo (opcional) de nuestra comunidad.

♥ Hacer una donación
Atrás
Arriba