Parasitos
Poeta recién llegado
Hoy si tuviese que contar una verdad tendría la forma del exquisito sabor de los minutos palíndromo, o la textura suave en los tímpanos de haber aprendido a tocar música con el cuerpo. Tengo una batería en el pecho y suena a caminar cantando sin nada que desabastezca la realidad del perro que ladra mientras una gota en la canilla a punto de caer saluda con las dos manos.
Gracias a la melódica distención, mientras cruzaba la calle no noté a aquel hombre que me puteaba. En el instante en el que hubiese estado odiando a cada ser humano que en potencia podría ocupar el lugar del hombre verborrágico me encontré una fortuna. Justo había un billete de cincuenta pesos asomándose detrás de una botella vacía de agua mineral frente al cordón de la calle en la esquina de San Martín y ese lugar en dónde se juntan manadas de pibes a bailar Justin Bieber, Wish.
Estuve pensando en qué gastarlo y decidí ir a comprar pájaros, de esos que están encerrados en una jaula en la veterinaria del puente olive. Una vez que los tenía conmigo los liberé en el jardín de mi casa. Si quisiesen, podrán venir esporádicamente a comer de las semillas que les dejé en una rama. Caso contrario, me conformaré con haberlos absuelto de tener que convivir el resto de sus existencias con los barrotes de las jaulas que también se exponen de diferentes formas y tamaños en el local de mascotas.
Gracias a la melódica distención, mientras cruzaba la calle no noté a aquel hombre que me puteaba. En el instante en el que hubiese estado odiando a cada ser humano que en potencia podría ocupar el lugar del hombre verborrágico me encontré una fortuna. Justo había un billete de cincuenta pesos asomándose detrás de una botella vacía de agua mineral frente al cordón de la calle en la esquina de San Martín y ese lugar en dónde se juntan manadas de pibes a bailar Justin Bieber, Wish.
Estuve pensando en qué gastarlo y decidí ir a comprar pájaros, de esos que están encerrados en una jaula en la veterinaria del puente olive. Una vez que los tenía conmigo los liberé en el jardín de mi casa. Si quisiesen, podrán venir esporádicamente a comer de las semillas que les dejé en una rama. Caso contrario, me conformaré con haberlos absuelto de tener que convivir el resto de sus existencias con los barrotes de las jaulas que también se exponen de diferentes formas y tamaños en el local de mascotas.