Lírico.
Exp..
La llama
La lluvia va llenando
de huecos la ciudad.
Puedo ver gentes
con los ojos vacíos
y las carteras llenas.
Puedo ver almas
sin techo por la calle,
con hambre de cariño.
Puedo sentir la vida
acurrucada y fría
en una celda oscura
que no tiene ventanas
a un día luminoso.
Puedo ver al otoño
andando indiferente
sobre los corazones
que el tiempo ha derribado.
Escucho estremecido
un canto de sirena,
un llanto de ambulancia
que cuida de nosotros
igual que la corriente
eléctrica alimenta
algún robot sin sangre.
Sigue la lluvia, arranca
gemidos al cemento;
cava sus soledades
por las cafeterías
donde los viejos miran
al tiempo que se ríe
de su torpe nostalgia.
La lluvia que sepulta
los sueños más azules;
las gentes que se agotan
con esta catarata
de tiempo humedeciendo
nuestra delgada llama en la ciudad.
La lluvia va llenando
de huecos la ciudad.
Puedo ver gentes
con los ojos vacíos
y las carteras llenas.
Puedo ver almas
sin techo por la calle,
con hambre de cariño.
Puedo sentir la vida
acurrucada y fría
en una celda oscura
que no tiene ventanas
a un día luminoso.
Puedo ver al otoño
andando indiferente
sobre los corazones
que el tiempo ha derribado.
Escucho estremecido
un canto de sirena,
un llanto de ambulancia
que cuida de nosotros
igual que la corriente
eléctrica alimenta
algún robot sin sangre.
Sigue la lluvia, arranca
gemidos al cemento;
cava sus soledades
por las cafeterías
donde los viejos miran
al tiempo que se ríe
de su torpe nostalgia.
La lluvia que sepulta
los sueños más azules;
las gentes que se agotan
con esta catarata
de tiempo humedeciendo
nuestra delgada llama en la ciudad.