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La llamada

penabad57

Poeta veterano en el portal
Venid a mí con el fluir del arrullo en los labios de la templanza.



Oh! pájaros que habitáis la isla verde, oh! mineral negro

que forma crestas de betún en las playas de la noche.



Oh! cactus sin el agua del perdón en su raíz,

oh! sol que con tu anillo de oro nos iluminas con lumbre de paz,

oh! luna que nos regalas los rayos de la claridad entre sombras de silencio viril.



Oh! sí, venid desde el atardecer volcánico

donde el siena del color

viste las montañas de oscuro y el océano en los ojos

es una lámina que agita sus rizos de sal

para que el iris no conozca la quietud sin pausa de los jardines de piedra.



Ah! venid con el árbol del magma en ciernes, con el sedimento de la nostalgia

que exige una flor de luz en su ramaje fósil.


Oh! venid y ved como en el sur de la isla hay rosas de almidón

que brotaron de mí sin el ángel del olvido en las entrañas.
 
Última edición:
Venid a mí con el fluir del arrullo en los labios de la templanza.



Oh! pájaros que habitáis la isla verde, oh! mineral negro

que forma crestas de betún en las playas de la noche.



Oh! cactus sin el agua del perdón en su raíz,

oh! sol que con tu anillo de oro nos iluminas con lumbre de paz,

oh! luna que nos regalas los rayos de la claridad entre sombras de silencio viril.



Oh! sí, venid desde el atardecer volcánico

donde el siena del color

viste las montañas de oscuro y el océano en los ojos

es una lámina que agita sus rizos de sal

para que el iris no conozca la quietud sin pausa de los jardines de piedra.



Ah! venid con el árbol del magma en ciernes, con el sedimento de la nostalgia

que exige una flor de luz en su ramaje fósil.


Oh! venid y ved como en el sur de la isla hay rosas de almidón

que brotaron de mí sin el ángel del olvido en las entrañas.
Versos del olvido.
Hay que darle esperanzas.

Saludos
 
Venid a mí con el fluir del arrullo en los labios de la templanza.



Oh! pájaros que habitáis la isla verde, oh! mineral negro

que forma crestas de betún en las playas de la noche.



Oh! cactus sin el agua del perdón en su raíz,

oh! sol que con tu anillo de oro nos iluminas con lumbre de paz,

oh! luna que nos regalas los rayos de la claridad entre sombras de silencio viril.



Oh! sí, venid desde el atardecer volcánico

donde el siena del color

viste las montañas de oscuro y el océano en los ojos

es una lámina que agita sus rizos de sal

para que el iris no conozca la quietud sin pausa de los jardines de piedra.



Ah! venid con el árbol del magma en ciernes, con el sedimento de la nostalgia

que exige una flor de luz en su ramaje fósil.


Oh! venid y ved como en el sur de la isla hay rosas de almidón

que brotaron de mí sin el ángel del olvido en las entrañas.
Es muy grato, amigo Ramón, encontrar una noche quieta para entregarse a estas cosas que tanto nos gustan: leer el fluir de la vida. Esa vida que tantas veces pide volver atrás y no puede. Quién sabe si se conforme con recordar.
Gracias, mi valedor. Me emociona mucho volver a leerte.
 
Venid a mí con el fluir del arrullo en los labios de la templanza.



Oh! pájaros que habitáis la isla verde, oh! mineral negro

que forma crestas de betún en las playas de la noche.



Oh! cactus sin el agua del perdón en su raíz,

oh! sol que con tu anillo de oro nos iluminas con lumbre de paz,

oh! luna que nos regalas los rayos de la claridad entre sombras de silencio viril.



Oh! sí, venid desde el atardecer volcánico

donde el siena del color

viste las montañas de oscuro y el océano en los ojos

es una lámina que agita sus rizos de sal

para que el iris no conozca la quietud sin pausa de los jardines de piedra.



Ah! venid con el árbol del magma en ciernes, con el sedimento de la nostalgia

que exige una flor de luz en su ramaje fósil.


Oh! venid y ved como en el sur de la isla hay rosas de almidón

que brotaron de mí sin el ángel del olvido en las entrañas.
Espléndido poema Penabad, un placer leerte como siempre. Un abrazo con la pluma del alma
 
Venid a mí con el fluir del arrullo en los labios de la templanza.



Oh! pájaros que habitáis la isla verde, oh! mineral negro

que forma crestas de betún en las playas de la noche.



Oh! cactus sin el agua del perdón en su raíz,

oh! sol que con tu anillo de oro nos iluminas con lumbre de paz,

oh! luna que nos regalas los rayos de la claridad entre sombras de silencio viril.



Oh! sí, venid desde el atardecer volcánico

donde el siena del color

viste las montañas de oscuro y el océano en los ojos

es una lámina que agita sus rizos de sal

para que el iris no conozca la quietud sin pausa de los jardines de piedra.



Ah! venid con el árbol del magma en ciernes, con el sedimento de la nostalgia

que exige una flor de luz en su ramaje fósil.


Oh! venid y ved como en el sur de la isla hay rosas de almidón

que brotaron de mí sin el ángel del olvido en las entrañas.

Excelentes versos poeta. Un placer pasear entre ellos.
Un abrazo.

 
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