Carlos Aristy
Poeta que considera el portal su segunda casa
La llegada del campesino.
Llegó. Insufriblemente llegó con sus motetes acuestas.
No llegó a caballo, como era de esperarse,
un burro grisáceo y con malas costumbres lo acarreó.
Unos cuantos racimos de plátanos colgaban
de su cuello como un rosario de maldiciones negras.
Aquella visión daba pena y alegría a la vez.
Un hombre curtido con su sombrero de paja,
esculpido por el trabajo y los malos tiempos.
Sin casa, sin mujer, sin sus tierras despreñadas de cosechas.
En otras palabras jodido hasta más no poder...
Llegó. La ciudad lo abraza con su manto implacable
y él se escabulle por sus oquedades infinitas...
Llegó. Insufriblemente llegó con sus motetes acuestas.
No llegó a caballo, como era de esperarse,
un burro grisáceo y con malas costumbres lo acarreó.
Unos cuantos racimos de plátanos colgaban
de su cuello como un rosario de maldiciones negras.
Aquella visión daba pena y alegría a la vez.
Un hombre curtido con su sombrero de paja,
esculpido por el trabajo y los malos tiempos.
Sin casa, sin mujer, sin sus tierras despreñadas de cosechas.
En otras palabras jodido hasta más no poder...
Llegó. La ciudad lo abraza con su manto implacable
y él se escabulle por sus oquedades infinitas...
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