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La lluvia del adiós

penabad57

Poeta veterano en el portal
Algunas veces la lluvia no escoge ser gota de bendición

sino restallar de látigo que encharca el corazón de la tierra;

la lluvia es también un ojo de lacrimal perpetuo que riega

la piel de los hombres desvalidos ante el mundo de las almas

aleves; la lluvia y el arco iris que roza la faz de las nubes con el lápiz

multicolor del ensueño movido por un sol que abreva su sed

de luz entre las cortinas de un agua virgen; la lluvia y el aljibe

en el que ocultan los ríos de la gratitud su mortaja abisal, allí

los peces del día son pétalos que flotan como ceniza de rencor

que se diluye en negra pez; y es la lluvia al verter su perdón

en los adoquines de mi calle una cicatriz de charcos borrosos

donde se escucha el sonido de un adiós sin el altavoz ausente

de una metáfora adormecida por el caudal de los desencuentros.
 
Última edición:
Algunas veces la lluvia no escoge ser gota de bendición

sino restallar de látigo que encharca el corazón de la tierra;

la lluvia es también un ojo de lacrimal perpetuo que riega

la piel de los hombres desvalidos ante el mundo de las almas

aleves; la lluvia y el arco iris que roza la faz de las nubes con el lápiz

multicolor del ensueño movido por un sol que abreva su sed

de luz entre las cortinas de un agua virgen; la lluvia y el aljibe

en el que ocultan los ríos de la gratitud su mortaja abisal, allí

los peces del día son pétalos que flotan como ceniza de rencor

que se diluye en negra pez; y es la lluvia al verter su perdón

en los adoquines de mi calle una cicatriz de charcos borrosos

donde se escucha el sonido de un adiós sin el altavoz ausente

de una metáfora adormecida por el caudal de los desencuentros.
Una gran metáfora.

Saludos
 
Algunas veces la lluvia no escoge ser gota de bendición

sino restallar de látigo que encharca el corazón de la tierra;

la lluvia es también un ojo de lacrimal perpetuo que riega

la piel de los hombres desvalidos ante el mundo de las almas

aleves; la lluvia y el arco iris que roza la faz de las nubes con el lápiz

multicolor del ensueño movido por un sol que abreva su sed

de luz entre las cortinas de un agua virgen; la lluvia y el aljibe

en el que ocultan los ríos de la gratitud su mortaja abisal, allí

los peces del día son pétalos que flotan como ceniza de rencor

que se diluye en negra pez; y es la lluvia al verter su perdón

en los adoquines de mi calle una cicatriz de charcos borrosos

donde se escucha el sonido de un adiós sin el altavoz ausente

de una metáfora adormecida por el caudal de los desencuentros.
Muy bellas letras como siempre mi estimado amigo Penabad. Un abrazo con la pluma del alma
 
Algunas veces la lluvia no escoge ser gota de bendición

sino restallar de látigo que encharca el corazón de la tierra;

la lluvia es también un ojo de lacrimal perpetuo que riega

la piel de los hombres desvalidos ante el mundo de las almas

aleves; la lluvia y el arco iris que roza la faz de las nubes con el lápiz

multicolor del ensueño movido por un sol que abreva su sed

de luz entre las cortinas de un agua virgen; la lluvia y el aljibe

en el que ocultan los ríos de la gratitud su mortaja abisal, allí

los peces del día son pétalos que flotan como ceniza de rencor

que se diluye en negra pez; y es la lluvia al verter su perdón

en los adoquines de mi calle una cicatriz de charcos borrosos

donde se escucha el sonido de un adiós sin el altavoz ausente

de una metáfora adormecida por el caudal de los desencuentros.
La lluvia, flujo versátil que humedece. Un gran poema con versos que asombran. Un gusto leerte.
 
Algunas veces la lluvia no escoge ser gota de bendición

sino restallar de látigo que encharca el corazón de la tierra;

la lluvia es también un ojo de lacrimal perpetuo que riega

la piel de los hombres desvalidos ante el mundo de las almas

aleves; la lluvia y el arco iris que roza la faz de las nubes con el lápiz

multicolor del ensueño movido por un sol que abreva su sed

de luz entre las cortinas de un agua virgen; la lluvia y el aljibe

en el que ocultan los ríos de la gratitud su mortaja abisal, allí

los peces del día son pétalos que flotan como ceniza de rencor

que se diluye en negra pez; y es la lluvia al verter su perdón

en los adoquines de mi calle una cicatriz de charcos borrosos

donde se escucha el sonido de un adiós sin el altavoz ausente

de una metáfora adormecida por el caudal de los desencuentros.
Gran poema amigo Ramón.
Excelente versar.
Ha sido un gran gusto pasar.
Abrazo grande!
 
Algunas veces la lluvia no escoge ser gota de bendición

sino restallar de látigo que encharca el corazón de la tierra;

la lluvia es también un ojo de lacrimal perpetuo que riega

la piel de los hombres desvalidos ante el mundo de las almas

aleves; la lluvia y el arco iris que roza la faz de las nubes con el lápiz

multicolor del ensueño movido por un sol que abreva su sed

de luz entre las cortinas de un agua virgen; la lluvia y el aljibe

en el que ocultan los ríos de la gratitud su mortaja abisal, allí

los peces del día son pétalos que flotan como ceniza de rencor

que se diluye en negra pez; y es la lluvia al verter su perdón

en los adoquines de mi calle una cicatriz de charcos borrosos

donde se escucha el sonido de un adiós sin el altavoz ausente

de una metáfora adormecida por el caudal de los desencuentros.

Un placer siempre pasear por tu obra.
Un abrazo.

 
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