danie
solo un pensamiento...
Para continuar con el tema propuesto “la lluvia” por el poeta Luís Adolfo dejo a consideración este conjunto de humildes haikus que no es otra cosa que un rejunte de poemas que publiqué en los meses anteriores.
Lluvia de enero
en la cocina
que va a mi casa
Cesó la lluviagotas de agua guardadas
en los pimpollos
...
Para continuar ahora expongo mi estructura en versos libres.
Llueve…
Hoy más que nunca llueve.
El cielo llora cúmulos que lavan las pálidas sombras
dejadas por Dios.
El rastro del ayer, el tranvía del recuerdo,
los trozos del insomnio y su deseo,
la enturbiada sangre de la inocencia,
el sagrado crimen perfecto por los sudarios
de aquel beso…
Todo se hunde en la mar, en las lágrimas náufragas de la soledad
durmiendo en mi rincón.
Sí. Llueve…
Llueve adentro y afuera,
y tú, ángelus de mi noche y mi silencio,
de la diáfana humedad
del roce de la flor
esta vez no estás
para secar con tus caricias de seda
todo este océano y sus mareas de dolor.
Los ríos corren sin destino aparente,
perdieron la brújula que los guiaban hacia el Sol
y a cada paso siguen perdiendo nautas, barcos,
muelles, alondras y costas
que constituyeron la intimidad del corazón.
Las gotas siguen el camino
de la duda y el rencor.
Se forma una inmensa laguna en el pecho.
Sí. Llueve…
Llueve sobre las calles de abrazados que Benedetti nombró,
en el puente de los Suspiros,
en las noches, hoy ya, de alcoba desierta…
Sí. Llueve…
Llueve y sólo me queda la espectral esperanza
de que este diluvio arrase con las cenizas de lo viejo
para un nuevo nacimiento.
Lluvia de enero
debajo del paraguas
nacen los besos
Llueve por días
una ampalagua nadanacen los besos
Llueve por días
en la cocina
Tarde lluviosa
se marcan los pezonessobre la blusa
Lluvia temprana
un río en el caminoLluvia temprana
que va a mi casa
Cesó la lluvia
en los pimpollos
...
Para continuar ahora expongo mi estructura en versos libres.
Llueve…
Hoy más que nunca llueve.
El cielo llora cúmulos que lavan las pálidas sombras
dejadas por Dios.
El rastro del ayer, el tranvía del recuerdo,
los trozos del insomnio y su deseo,
la enturbiada sangre de la inocencia,
el sagrado crimen perfecto por los sudarios
de aquel beso…
Todo se hunde en la mar, en las lágrimas náufragas de la soledad
durmiendo en mi rincón.
Sí. Llueve…
Llueve adentro y afuera,
y tú, ángelus de mi noche y mi silencio,
de la diáfana humedad
del roce de la flor
esta vez no estás
para secar con tus caricias de seda
todo este océano y sus mareas de dolor.
Los ríos corren sin destino aparente,
perdieron la brújula que los guiaban hacia el Sol
y a cada paso siguen perdiendo nautas, barcos,
muelles, alondras y costas
que constituyeron la intimidad del corazón.
Las gotas siguen el camino
de la duda y el rencor.
Se forma una inmensa laguna en el pecho.
Sí. Llueve…
Llueve sobre las calles de abrazados que Benedetti nombró,
en el puente de los Suspiros,
en las noches, hoy ya, de alcoba desierta…
Sí. Llueve…
Llueve y sólo me queda la espectral esperanza
de que este diluvio arrase con las cenizas de lo viejo
para un nuevo nacimiento.
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