DIEGO
Poeta adicto al portal
Cuando pienso en tu boca transparente
que inventa cúmulos de besos contenidos,
mis encendidos deseos de placeres
esperan libertarse de su nido.
Cuando tus manos aladas se decidan
a acariciar mi cuerpo tembloroso
que a la espera de tu toque ardiente
intenta despertar de su reposo...
Entonces sentirás lo que placeres
que pugnan por salir de su escondite
harán sentir al mayor de tus sentires
harán crecer al mayor de tus anhelos,
y cual palomas que en el aire viven,
experimentarás las ansias en tu vuelo.
Arderás en la hoguera lujuriosa
que viva, quema cuerpos y quereres,
purificando almas pecadoras,
contaminando cuerpos con placeres.
Cuando al fin mis hambrientos labios rojos,
abreven en el néctar de tus pechos,
y tus ojos perciban la armonía
que sin saberlo los mantenga tiesos;
Cuando tu espalda crea estar herida
por la daga filosa de mi lengua,
Y un frío irresistible te contraiga
Contra mi cuerpo cálido que espera...
Entonces creerás en lo increíble,
pensarás un segundo lo impensado;
querrás hacer lo antes nunca hecho.
y convertir en humano lo inhumano...
porque la sangre bullirá por tus arterias,
porque tus ansias estarán desguarnecidas,
tus caprichos serán aún más caprichosos
y rosas rojas manarán de tus heridas...
Cuando tus redondeces me supliquen
permanecer en el pozo de mi boca,
y tus brazos ya no quieran ser abrigo,
si no hiedras que opriman, dolorosas...
Cuando no sepas si estas despierta o duermes,
si es un sueño o estás en la vigilia
de algún crepúsculo que a liberarte viene
de la lucha entre tu cuerpo y su desidia..
Sólo entonces querrás hacerte mía,
en el momento justo en que tu vida
pida a gritos febriles, inconclusos
que mi miembro provoque tu rosada herida.
Y a modo de festejo, tus temblores
provocarán la explosión de mis sentidos,
anunciados con trémulos ardores
de mis sienes perdiendo los latidos...
Para recuperarlos luego con más fuerza,
para obtener tu energía contenida,
para escuchar tus gemidos en silencio,
para darte los míos sin medida...
Así han de ser, etéreo ser, los besos
que a colmar tus deseos sobrevienen,
desde lo más profundo de mis tiempos,
desde lo más sutil de mis placeres.
Porque has de hacerme tuyo en las penumbras,
porque he de hacerte mía sin cordeles
que limiten las ganas presurosas
de probar la más preciadas de las mieles...
La de tu sexo buscando enardecido
una península para tu bahía...
la que espera ansiosa la llegada
de quien cultive tu rosal en vilo...
Y he de ser yo el jardinero que te siembre
de amor, de dulzura y de placeres,
porque nuestros destinos han cruzado
los mares y los tiempos y las leyes.
Cada noche de amor, cada estallido,
de tu sexo y el mío enardecidos,
han de hacer del verbo un sustantivo
y de la necesidad un adjetivo.
Porque he de amarte siempre con la furia
que desatan los mares y los vientos,
y has de tenerme atado a tu cintura
como atado a los hornos del averno.
Hasta que pidas basta, amada mía
Dulce será nuestro infernal encuentro,
noche a noche, tarde a tarde, día a día
sin temer nunca tener que arder el fuego eterno...
Y finalmente, encontrarás el sitio exacto
en el que vibrarás en tus placeres
para movernos juntos en las sombras
de los cuerpos hambrientos, insaciables,
pidiendo ¡más! a gritos desgarrados,
sudando sexo, y consumiendo mieles...
que inventa cúmulos de besos contenidos,
mis encendidos deseos de placeres
esperan libertarse de su nido.
Cuando tus manos aladas se decidan
a acariciar mi cuerpo tembloroso
que a la espera de tu toque ardiente
intenta despertar de su reposo...
Entonces sentirás lo que placeres
que pugnan por salir de su escondite
harán sentir al mayor de tus sentires
harán crecer al mayor de tus anhelos,
y cual palomas que en el aire viven,
experimentarás las ansias en tu vuelo.
Arderás en la hoguera lujuriosa
que viva, quema cuerpos y quereres,
purificando almas pecadoras,
contaminando cuerpos con placeres.
Cuando al fin mis hambrientos labios rojos,
abreven en el néctar de tus pechos,
y tus ojos perciban la armonía
que sin saberlo los mantenga tiesos;
Cuando tu espalda crea estar herida
por la daga filosa de mi lengua,
Y un frío irresistible te contraiga
Contra mi cuerpo cálido que espera...
Entonces creerás en lo increíble,
pensarás un segundo lo impensado;
querrás hacer lo antes nunca hecho.
y convertir en humano lo inhumano...
porque la sangre bullirá por tus arterias,
porque tus ansias estarán desguarnecidas,
tus caprichos serán aún más caprichosos
y rosas rojas manarán de tus heridas...
Cuando tus redondeces me supliquen
permanecer en el pozo de mi boca,
y tus brazos ya no quieran ser abrigo,
si no hiedras que opriman, dolorosas...
Cuando no sepas si estas despierta o duermes,
si es un sueño o estás en la vigilia
de algún crepúsculo que a liberarte viene
de la lucha entre tu cuerpo y su desidia..
Sólo entonces querrás hacerte mía,
en el momento justo en que tu vida
pida a gritos febriles, inconclusos
que mi miembro provoque tu rosada herida.
Y a modo de festejo, tus temblores
provocarán la explosión de mis sentidos,
anunciados con trémulos ardores
de mis sienes perdiendo los latidos...
Para recuperarlos luego con más fuerza,
para obtener tu energía contenida,
para escuchar tus gemidos en silencio,
para darte los míos sin medida...
Así han de ser, etéreo ser, los besos
que a colmar tus deseos sobrevienen,
desde lo más profundo de mis tiempos,
desde lo más sutil de mis placeres.
Porque has de hacerme tuyo en las penumbras,
porque he de hacerte mía sin cordeles
que limiten las ganas presurosas
de probar la más preciadas de las mieles...
La de tu sexo buscando enardecido
una península para tu bahía...
la que espera ansiosa la llegada
de quien cultive tu rosal en vilo...
Y he de ser yo el jardinero que te siembre
de amor, de dulzura y de placeres,
porque nuestros destinos han cruzado
los mares y los tiempos y las leyes.
Cada noche de amor, cada estallido,
de tu sexo y el mío enardecidos,
han de hacer del verbo un sustantivo
y de la necesidad un adjetivo.
Porque he de amarte siempre con la furia
que desatan los mares y los vientos,
y has de tenerme atado a tu cintura
como atado a los hornos del averno.
Hasta que pidas basta, amada mía
Dulce será nuestro infernal encuentro,
noche a noche, tarde a tarde, día a día
sin temer nunca tener que arder el fuego eterno...
Y finalmente, encontrarás el sitio exacto
en el que vibrarás en tus placeres
para movernos juntos en las sombras
de los cuerpos hambrientos, insaciables,
pidiendo ¡más! a gritos desgarrados,
sudando sexo, y consumiendo mieles...
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