Cuando mi rostro subió al barco de la memoria,
mi juventud herida, cayó en el suelo.
Algunos de mis días inocentes gritaron:
¡Dejen que los años desciendan!
Pero el cuerpo de mi sentimiento afilado,
se negó a levantarme de las ruinas.
Y una soledad promiscua se aferró
al mar que cerraba las puertas.
Llegué así hasta la noche derrotada,
la abracé, y nos perdimos en las palabras.
Y la luna que siempre agranda las cosas,
permitió que mi grito estremeciera el abismo.
Filiberto Miño (riomino)
New York.
mi juventud herida, cayó en el suelo.
Algunos de mis días inocentes gritaron:
¡Dejen que los años desciendan!
Pero el cuerpo de mi sentimiento afilado,
se negó a levantarme de las ruinas.
Y una soledad promiscua se aferró
al mar que cerraba las puertas.
Llegué así hasta la noche derrotada,
la abracé, y nos perdimos en las palabras.
Y la luna que siempre agranda las cosas,
permitió que mi grito estremeciera el abismo.
Filiberto Miño (riomino)
New York.