F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
La Luna vino a mi lecho...
La Luna vino a mi lecho
al verme que no dormía:
quiso cantarme una nana...
¡nana que nadie sabía!
Quiso cabalgar la Luna
sobre mis nubes aladas
e hizo, sin pretenderlo,
que mis recuerdos gritaran
¡La Luna vino a mi lecho
al verme desconsolado!
La Amargura y el Dolor
dentro de mí se encontraron
y sin que yo lo pudiera
evitar, gritó mi llanto:
porque acababa de ver
a unos seres desgraciados
buscando entre los escombros,
(restos de vil atentado
de muerte, bomba y metralla)
a sus hijos destrozados.
¡Loca carrera de muerte,
de insensatez, de malvados,
de gentuza sin escrúpulos,
de suicidas bien pagados
y fanáticos creyentes
por su fe sacrificados...!
La Luna vino a mi lecho
viéndome que no dormía:
quiso cantarme una nana...
¡nana que no le salía!
La Luna vino a mi lecho
al verme que no dormía:
quiso cantarme una nana...
¡nana que nadie sabía!
Quiso cabalgar la Luna
sobre mis nubes aladas
e hizo, sin pretenderlo,
que mis recuerdos gritaran
¡La Luna vino a mi lecho
al verme desconsolado!
La Amargura y el Dolor
dentro de mí se encontraron
y sin que yo lo pudiera
evitar, gritó mi llanto:
porque acababa de ver
a unos seres desgraciados
buscando entre los escombros,
(restos de vil atentado
de muerte, bomba y metralla)
a sus hijos destrozados.
¡Loca carrera de muerte,
de insensatez, de malvados,
de gentuza sin escrúpulos,
de suicidas bien pagados
y fanáticos creyentes
por su fe sacrificados...!
La Luna vino a mi lecho
viéndome que no dormía:
quiso cantarme una nana...
¡nana que no le salía!
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