prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tengo un seguro de lunas
para este verso moribundo
que se ha metido en mi aura
a renegar de los ciervos.
Mi caleidoscopio de suicidios,
dios mío, es tan vasto como la medusa
que crío a dios, como el veneno de gentes sin trabajo
aullando por las calles.
La luna es una sangría de soledades.
Arrinconada en tus pómulos, la luna.
Como un ciervo viejo, ya sin cuernos,
amaso el musgo de lo imperdonable
a la penumbra de mi infancia.
Si el perdón sabe a cirios,
si el perdón sabe a una boda de desiertos
o si la letra de ocasos que empieza a parecerse a la cama vacía
es el comienzo del insomnio
o un cielo de ortigas dispuesto a llover
sobre amistades perdidas,
¿a qué hemos venido?
¿A componer la canción extraterrestre
que sólo entenderán los que cruzan el puente de la infelicidad?
El verbo de los sueños
caducado entre el día de sueldo
y el burdel más cercano, se conjuga a tu ausencia
como una guerra de otoños, como las hojas que vuelan en un viernes cualquiera
hacia otro viernes.
Arrinconada en tus pómulos, la luna.
La música hierve en la palidez de tu rostro.
Tu tiempo es un altar de cuchillos
y el mío el cordero azul.
En traje de banquero anda la nada por mi alma.
He prestado garzas de la muerte para poder describir lágrimas que no tengo,
para este verso moribundo
que se ha metido en mi aura
a renegar de los ciervos.
Mi caleidoscopio de suicidios,
dios mío, es tan vasto como la medusa
que crío a dios, como el veneno de gentes sin trabajo
aullando por las calles.
La luna es una sangría de soledades.
Arrinconada en tus pómulos, la luna.
Como un ciervo viejo, ya sin cuernos,
amaso el musgo de lo imperdonable
a la penumbra de mi infancia.
Si el perdón sabe a cirios,
si el perdón sabe a una boda de desiertos
o si la letra de ocasos que empieza a parecerse a la cama vacía
es el comienzo del insomnio
o un cielo de ortigas dispuesto a llover
sobre amistades perdidas,
¿a qué hemos venido?
¿A componer la canción extraterrestre
que sólo entenderán los que cruzan el puente de la infelicidad?
El verbo de los sueños
caducado entre el día de sueldo
y el burdel más cercano, se conjuga a tu ausencia
como una guerra de otoños, como las hojas que vuelan en un viernes cualquiera
hacia otro viernes.
Arrinconada en tus pómulos, la luna.
La música hierve en la palidez de tu rostro.
Tu tiempo es un altar de cuchillos
y el mío el cordero azul.
En traje de banquero anda la nada por mi alma.
He prestado garzas de la muerte para poder describir lágrimas que no tengo,