La luna

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
La luna se hizo

una sonrisa de plata,

enmudeció la noche

con su luz de vela blanca,

se metió en mis recuerdos

empujándome a otro cielo.


Resbalaron las horas

llevándome a la madrugada

de donde las brujas salen

y el frió cubre la mañana.


En el duermevela entre

mezclando los pensamientos,

creyendo que soñé

el eco de tus palabras

que entonces me despertaban;

era tenue su sonido

y con tus manos hablaban.


El silencio rodeo el roce,

tus caricias aceleraron el tiempo

y tu respiración se hizo

el eco de una subida a la montaña.


El reloj dejo el son

de muchas campanadas.


Las saetas del sol entraron

rallando a veces la cama;

se deshizo la prisa,

se acabaron las conversaciones,

y sin saber muy bien como

vimos a la luna

colgada en la ventana

sonriendo de nuevo

en la noche instalada.
 
La luna se hizo

una sonrisa de plata,

enmudeció la noche

con su luz de vela blanca,

se metió en mis recuerdos

empujándome a otro cielo.


Resbalaron las horas

llevándome a la madrugada

de donde las brujas salen

y el frió cubre la mañana.


En el duermevela entre

mezclando los pensamientos,

creyendo que soñé

el eco de tus palabras

que entonces me despertaban;

era tenue su sonido

y con tus manos hablaban.


El silencio rodeo el roce,

tus caricias aceleraron el tiempo

y tu respiración se hizo

el eco de una subida a la montaña.


El reloj dejo el son

de muchas campanadas.


Las saetas del sol entraron

rallando a veces la cama;

se deshizo la prisa,

se acabaron las conversaciones,

y sin saber muy bien como

vimos a la luna

colgada en la ventana

sonriendo de nuevo

en la noche instalada.

La luna, ese hechizo que ha fascinado a millones de poetas y ha inspirado poemas realmente hermosos como los suyos amiga María.
Siempre es un placer, aún en estas circunstancias, empaparse con sus letras.
Un eterno abrazo querida amiga.
 
La luna se hizo

una sonrisa de plata,

enmudeció la noche

con su luz de vela blanca,

se metió en mis recuerdos

empujándome a otro cielo.


Resbalaron las horas

llevándome a la madrugada

de donde las brujas salen

y el frió cubre la mañana.


En el duermevela entre

mezclando los pensamientos,

creyendo que soñé

el eco de tus palabras

que entonces me despertaban;

era tenue su sonido

y con tus manos hablaban.


El silencio rodeo el roce,

tus caricias aceleraron el tiempo

y tu respiración se hizo

el eco de una subida a la montaña.


El reloj dejo el son

de muchas campanadas.


Las saetas del sol entraron

rallando a veces la cama;

se deshizo la prisa,

se acabaron las conversaciones,

y sin saber muy bien como

vimos a la luna

colgada en la ventana

sonriendo de nuevo

en la noche instalada.
La luna fuente de inspiración de tantos poetas.

Preciosa entrega Maria, felicidades por esta creativa y bella entrega.

Cariños desde mi mar sureño.
Felíz tarde compañera.
 

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