La luna se hizo
una sonrisa de plata,
enmudeció la noche
con su luz de vela blanca,
se metió en mis recuerdos
empujándome a otro cielo.
Resbalaron las horas
llevándome a la madrugada
de donde las brujas salen
y el frió cubre la mañana.
En el duermevela entre
mezclando los pensamientos,
creyendo que soñé
el eco de tus palabras
que entonces me despertaban;
era tenue su sonido
y con tus manos hablaban.
El silencio rodeo el roce,
tus caricias aceleraron el tiempo
y tu respiración se hizo
el eco de una subida a la montaña.
El reloj dejo el son
de muchas campanadas.
Las saetas del sol entraron
rallando a veces la cama;
se deshizo la prisa,
se acabaron las conversaciones,
y sin saber muy bien como
vimos a la luna
colgada en la ventana
sonriendo de nuevo
en la noche instalada.
una sonrisa de plata,
enmudeció la noche
con su luz de vela blanca,
se metió en mis recuerdos
empujándome a otro cielo.
Resbalaron las horas
llevándome a la madrugada
de donde las brujas salen
y el frió cubre la mañana.
En el duermevela entre
mezclando los pensamientos,
creyendo que soñé
el eco de tus palabras
que entonces me despertaban;
era tenue su sonido
y con tus manos hablaban.
El silencio rodeo el roce,
tus caricias aceleraron el tiempo
y tu respiración se hizo
el eco de una subida a la montaña.
El reloj dejo el son
de muchas campanadas.
Las saetas del sol entraron
rallando a veces la cama;
se deshizo la prisa,
se acabaron las conversaciones,
y sin saber muy bien como
vimos a la luna
colgada en la ventana
sonriendo de nuevo
en la noche instalada.