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La luz del salon

María Baena

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Se acerca la tarde
por la calle estrecha
con un ruido frío,
lleno de ligeros pasos
que me acompañan.

La luz de la farola se enciende
iluminando los viejos adoquines
que me hacen andar torpemente.

Comienza otra vez la lluvia,
y algunos paraguas abiertos
colorean la acera.

Cuando entro al portal,
la escalera obscura
me hace subir ligera.

Entro al gran salón,
enciendo la luz amarillenta
y el calor del lugar me abraza
como suspiros contenidos.
 
Última edición:
Se acerca la tarde
por la calle estrecha
con un ruido frío,
lleno de ligeros pasos
que me acompañan.

La luz de la farola se enciende
iluminando los viejos adoquines
que me hacen andar torpemente.

Comienza otra vez la lluvia,
y algunos paraguas abiertos
colorean la acera.

Cuando entro al portal,
la escalera obscura
me hace subir ligera.

Entro al gran salón,
enciendo la luz amarillenta
y el calor del lugar me abraza
como suspiros contenidos.
Dulce melodía en tiernos versos tristes.

Saludos
 
Feliz de haber llegado a casa sin problemas, una buena exposición de los motivos.

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Cinco estrofas cinco sensaciones, en una secuencia breve de tiempo, se siente la atmósfera en el poema podría ser una escena de, mi vida un abrazo.
 
Se acerca la tarde
por la calle estrecha
con un ruido frío,
lleno de ligeros pasos
que me acompañan.

La luz de la farola se enciende
iluminando los viejos adoquines
que me hacen andar torpemente.

Comienza otra vez la lluvia,
y algunos paraguas abiertos
colorean la acera.

Cuando entro al portal,
la escalera obscura
me hace subir ligera.

Entro al gran salón,
enciendo la luz amarillenta
y el calor del lugar me abraza
como suspiros contenidos.
Hermosísimo poema, María! Siempre percibo tus imágenes como si estuviera observando cuadros pintados y disfrutando de ellos... Abrazo!
 
Se acerca la tarde
por la calle estrecha
con un ruido frío,
lleno de ligeros pasos
que me acompañan.

La luz de la farola se enciende
iluminando los viejos adoquines
que me hacen andar torpemente.

Comienza otra vez la lluvia,
y algunos paraguas abiertos
colorean la acera.

Cuando entro al portal,
la escalera obscura
me hace subir ligera.

Entro al gran salón,
enciendo la luz amarillenta
y el calor del lugar me abraza
como suspiros contenidos.
Muy buen poema y bellas imágenes María. Un abrazo con la pluma del alma
 
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