Ricardo José Lascano
Poeta que considera el portal su segunda casa
Ésta luz que llega a nosotros
y nos corrompe
en su viaje de infinitas órbitas,
que nos siembra en su espalda
de amapolas hirientes,
ésta luz de relieves imberbes
que me atestiguan
como un pasajero inhóspito.
Yo soy su lado oscuro tú el camino.
A veces hoy, tal vez mañana…
¿Quién te proclama dueña?
¿Quién te lleva victoriosa?
Si mi alma ya la tienes,
puedes quemar mi carne
y disponer del resto
todo es tuyo.
Todo en ti lo entrego
para que lo cuides profundamente
y siembres en nuestro luminoso lecho
esos pequeños vivientes
que nos mirarán un día,
en la noche de un silencio,
y nos recuperarán como la luz
con las mismas armas de la nostalgia,
de un río mar adentro de tus ojos
y llevarán tu nombre,
yo lo deseo, para venerarte,
para gravar tu frente en sus mejillas,
para disolver los vértices oscuros,
las noches de las distancias del corazón,
para que nos recuperen
finalmente, con el amor
que será de ellos.
y nos corrompe
en su viaje de infinitas órbitas,
que nos siembra en su espalda
de amapolas hirientes,
ésta luz de relieves imberbes
que me atestiguan
como un pasajero inhóspito.
Yo soy su lado oscuro tú el camino.
A veces hoy, tal vez mañana…
¿Quién te proclama dueña?
¿Quién te lleva victoriosa?
Si mi alma ya la tienes,
puedes quemar mi carne
y disponer del resto
todo es tuyo.
Todo en ti lo entrego
para que lo cuides profundamente
y siembres en nuestro luminoso lecho
esos pequeños vivientes
que nos mirarán un día,
en la noche de un silencio,
y nos recuperarán como la luz
con las mismas armas de la nostalgia,
de un río mar adentro de tus ojos
y llevarán tu nombre,
yo lo deseo, para venerarte,
para gravar tu frente en sus mejillas,
para disolver los vértices oscuros,
las noches de las distancias del corazón,
para que nos recuperen
finalmente, con el amor
que será de ellos.
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