Ronda el otoño mi casa
y besa su suelo de madera
su lengua transparente e iluminada.
El roce de la blanca luz
sosiega el ambiente
que como si de una gata se tratase,
pasea por algunas estancias
que abren sus ojos a la calle,
y que a la calle se encarama
para que le invada toda la claridad
que arroja el cielo hoy,
y que abraza mi alma con gusto
dejándome sosegada,
con fuerza nueva,
y con sonrisa en la cara.
Como una llamita
que se alimentara de mi cuerpo,
es mi esperanza.
Como una cándida niña
enamorada de sus juegos,
es mi alma empujando la vida
cada mañana.
Como una planta en el balcón
es mi ilusión buscando luz.
Y la luz sigue filtrándose despacio
sobre la madera de mi casa,
sobre mi cuerpo,
sobre el deseo de mi alma.
422
y besa su suelo de madera
su lengua transparente e iluminada.
El roce de la blanca luz
sosiega el ambiente
que como si de una gata se tratase,
pasea por algunas estancias
que abren sus ojos a la calle,
y que a la calle se encarama
para que le invada toda la claridad
que arroja el cielo hoy,
y que abraza mi alma con gusto
dejándome sosegada,
con fuerza nueva,
y con sonrisa en la cara.
Como una llamita
que se alimentara de mi cuerpo,
es mi esperanza.
Como una cándida niña
enamorada de sus juegos,
es mi alma empujando la vida
cada mañana.
Como una planta en el balcón
es mi ilusión buscando luz.
Y la luz sigue filtrándose despacio
sobre la madera de mi casa,
sobre mi cuerpo,
sobre el deseo de mi alma.
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