Alejandro Padilla
Poeta recién llegado
Hollásteme la boca, madre mía,
con dos jueces que tiznan con su blanco,
al ir desde mis pies al viejo banco
su mazo quiebra aquesta anatomía.
Dos lácteos corazones mi herejía
holló al hallar espalda vuelto el flanco,
quedó por nieve mudo este barranco,
nieve que guarda grana y grana enfría.
Hollaste nuestros pies y nuestras frentes,
los pasos en la mente están hollados;
y en tu calzado, las cavilaciones.
En cambio, yo te hollé con estos dientes
la lejanía amarga y los heraldos
que anuncian a tu pecho mis traiciones.
con dos jueces que tiznan con su blanco,
al ir desde mis pies al viejo banco
su mazo quiebra aquesta anatomía.
Dos lácteos corazones mi herejía
holló al hallar espalda vuelto el flanco,
quedó por nieve mudo este barranco,
nieve que guarda grana y grana enfría.
Hollaste nuestros pies y nuestras frentes,
los pasos en la mente están hollados;
y en tu calzado, las cavilaciones.
En cambio, yo te hollé con estos dientes
la lejanía amarga y los heraldos
que anuncian a tu pecho mis traiciones.