La Madame y la empelada

brianbecerra

Poeta recién llegado
Niña de imitacion barata: Si llega el amado, vístelo de cordero, arráncale las alas a una paloma y no olvides por un instante piropearlo hasta sonrojarle.
Háblale de la mala educación de los niños y discute con toda la razón sobre el cambio climático y esas pesadillas, tú sabes, anúnciale el horóscopo a tu manera, muéstrale fotos en blanco y negro, oblígalo a tomar las pastillitas, repróchale por el minuto o ezque fueran segundos de atraso, dile que ah envejecido demasiado en comparación de sus hermanos, fastídiale la paciencia con tus acontecimientos diarios, pídele consejos acerca de los amores, invéntate un galán secreto, empújalo hacia el secreto, pon en duda su sexualidad, insinuale rumores sobre su valentia, y si hiciera falta finge un desmáyo.
¿A qué me refiero tú entiendes, porcelana china de esta nueva era, verdad?
Es más si intenta recuperar el alfabeto, pídele el significado de palabras que aún no existen, tráele el té sin azúcar para que reniegue, no temas, él te ama, no más que yo, y vuelve corriendo para decirle que hemos entrado en crisis, que nada alcanza, que será mejor declararse en banca rota, y llora niña mía, llora, arráncate un mechón de cabellos, túmbate al suelo de rodillas, límpiate los mocos con su mejor traje, pídele perdon y dile que te marcharás si acaso no pudiéramos contigo.
Hazte la huérfana, tú sabes de eso.
Y nómbrame más veces de las que te alcanze un nuevo aliento.
Yo no estóy lejós, yo estóy un poco más para este costadito del precipicio.
Al fín que te calmara y te pregunte por tus constantes cambios de personalidad, tú correrás hacia mi retrato, aquel enorme que cuelga subiendo la escaleras, allí donde desnuda me impongo ante el tiempo,en el trayecto dirás obsenidades varias, y al llegar, me besarás el cofre, pasarás tu lengua de gata por mi leche.
Le harás saber que la última vez que lo quise; fué cuando parí el último de sus hijos.
Reliquia que nadie guarda por desconocerlo, tú, águila domada, esos ojos con los que me miraste tantas noches que entró en erupción el volcán.
Óyeme bien, él irá corriendo en tu busca, tratará de abrazarte para luego tenerte en su cama, y te dejarás algodón, lo harás por mi, y te dejarás besar los labios de carne que te beso siempre, calmada la víctima, lo matarás, y pensarás en que no eres tú sinó el mi dueño si respira, piénsalo y no olvides que cada noche que él llega, soy súya.

Atte: Madamme Juana de Calatayud
 
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