Nommo
Poeta veterano en el portal
Si no te quieren, porque no les fascinas,
será que como base del equipo de baloncesto, no llegas hasta la cocina.
En tus entradas a canasta, te frenan los escoltas y los pivot.
Si no vales nada, únete a mí, que soy un gallina.
Juntos, pondremos huevos de oro.
Juventud, divino tesoro. Debemos pasar por ese filtro.
La mediocridad y la vulgaridad, se asoman por la ventana.
La sencillez nos recibe en el salón de su casa, y nos ofrece empanadillas con zumos de piña y lima.
Los taconazos del baile flamenco sobre el tablao, retumban.
¿ Por qué te olvidan ? No eres subnormal profundo, ni tampoco un Homo de Neanderthal, sensible.
Somos uña y carne. Buenos amigos.
Amparados por el túnel de la evolución; recién salidos del laberinto poético.
Aunque a la vista de otros, parezcamos rudimentarios y patéticos.
Pues no destacamos en los tiros libres. Ni desde la línea de tres puntos.
Contemplamos el panorama, en el banquillo de los suplentes. No somos tampoco, estrellas de cine.
Es como para echarse a temblar, ¿ Quién lo diría ?
Tú y yo, junto a Pinocchio y Pepito Grillo.
La Cenicienta y Aladín, Yaffar o Jazmín, y el genio de la lámpara maravillosa.
Somos Disney.
Huíamos de esos dibujos animados. ¿ Te acuerdas ? Pero nos encontraron y retrataron.
Nos amaestraron y domesticaron.
Nos enseñaron a volar y a comprender, con sus canciones.
Blancanieves y los siete enanitos. El rey león...
Por lo visto, Walt Disney era jefe, entre los masones.
Observa mi derrota. Espejo, espejito...
será que como base del equipo de baloncesto, no llegas hasta la cocina.
En tus entradas a canasta, te frenan los escoltas y los pivot.
Si no vales nada, únete a mí, que soy un gallina.
Juntos, pondremos huevos de oro.
Juventud, divino tesoro. Debemos pasar por ese filtro.
La mediocridad y la vulgaridad, se asoman por la ventana.
La sencillez nos recibe en el salón de su casa, y nos ofrece empanadillas con zumos de piña y lima.
Los taconazos del baile flamenco sobre el tablao, retumban.
¿ Por qué te olvidan ? No eres subnormal profundo, ni tampoco un Homo de Neanderthal, sensible.
Somos uña y carne. Buenos amigos.
Amparados por el túnel de la evolución; recién salidos del laberinto poético.
Aunque a la vista de otros, parezcamos rudimentarios y patéticos.
Pues no destacamos en los tiros libres. Ni desde la línea de tres puntos.
Contemplamos el panorama, en el banquillo de los suplentes. No somos tampoco, estrellas de cine.
Es como para echarse a temblar, ¿ Quién lo diría ?
Tú y yo, junto a Pinocchio y Pepito Grillo.
La Cenicienta y Aladín, Yaffar o Jazmín, y el genio de la lámpara maravillosa.
Somos Disney.
Huíamos de esos dibujos animados. ¿ Te acuerdas ? Pero nos encontraron y retrataron.
Nos amaestraron y domesticaron.
Nos enseñaron a volar y a comprender, con sus canciones.
Blancanieves y los siete enanitos. El rey león...
Por lo visto, Walt Disney era jefe, entre los masones.
Observa mi derrota. Espejo, espejito...
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