jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
qué chingados me importa no ser más que un cero a la izquierda
y estar ahora mismo hasta los huevos de tequila
oyendo a pink floyd a todo volumen en mi cuarto
para no escuchar la voz de mi madre que recurrentemente
me grita desde el pasillo que el puto trato que hicimos hace una semana
los doctores del psiquiátrico, el asistente social, ella misma y yo
estipulaba claramente que si volvía a las andadas
volviendo a probar aunque fuese una puta gota de alcohol
fumándome un puto cigarrito de maría, metiéndome una raya
-no entiendo cómo todavía no me prohiben pajearme-
iban a venir a llevarme otra vez
a encerrar por lo menos durante 6 putos meses
en una de las celdas de 2 metros cuadrados de acceso restringido
del ala destinada a casos psicopáticos de adicción degenerativa
-siempre les ponen un puto nombre que te para los pelos de punta-
donde sólo cuentas con un pequeño camastro para tenderte
te mantienen a oscuras todo el tiempo e insonorizado
no se permiten visitas ni televisión
ni tener libros y te dan mezclada con la bebida
una sustancia que te produce sueño a todas horas
te hace pasar los 6 meses en estado semi comatoso
aletargando tus funciones corporales al mínimo necesario
para no sufrir un paro respiratorio o muerte cerebral
y cada cierto tiempo entra a verte un hijo de puta que te suelta
el bla bla bla motivacional de siempre lleno de palabras pedorras
todo para que al cumplirse el plazo y te vuelvan a soltar
y estés ya de vuelta en casa supuestamente reprogramado
para buscar encontrarle sentido a tu puta mierda de vida
sometiéndote a una jodida rutina encadenado a un trabajo
-un horario para dormir, un horario para comer y otro para cagar-
de pronto vuelvas a percatarte de que sólo te interesa una cosa
sólo existe en toda la extensión de la tierra una maldita cosa
sólo existe en todo el puto universo una cosa
una sola cosa que te puede quitar de encima el asco
la náusea, la mierda, la maldición de estar vivo:
un buen trago de cerveza fría