lesmo
Poeta veterano en el portal
La mañana comienza, y la metáfora,
en ese despegarse de los párpados,
de todos los inicios,
de la primera hoja, siempre en blanco.
Por entre los vacíos y las nadas,
es donde está el sitial, el reservado.
Ahí, donde esa falta de renglones,
donde la encrucijada, tenga acaso,
la duda, la de siempre,
que mata una mayúscula a dïario.
Y es como plantar cara al horizonte,
y es como haber andado algunos pasos,
y es como conseguir con el olvido
tener algo ganado.
La mañana comienza,
con tonos de la luz aún extraños,
y aún algunos sueños,
y aún recuerdos de la noche, vagos.
Pero ya tengo escrita una palabra
en la que todo empieza a decir algo,
una palabra, solo cuatro letras:
el nombre más amable,…¡y el más claro!
en ese despegarse de los párpados,
de todos los inicios,
de la primera hoja, siempre en blanco.
Por entre los vacíos y las nadas,
es donde está el sitial, el reservado.
Ahí, donde esa falta de renglones,
donde la encrucijada, tenga acaso,
la duda, la de siempre,
que mata una mayúscula a dïario.
Y es como plantar cara al horizonte,
y es como haber andado algunos pasos,
y es como conseguir con el olvido
tener algo ganado.
La mañana comienza,
con tonos de la luz aún extraños,
y aún algunos sueños,
y aún recuerdos de la noche, vagos.
Pero ya tengo escrita una palabra
en la que todo empieza a decir algo,
una palabra, solo cuatro letras:
el nombre más amable,…¡y el más claro!